Hipólito perdió las elecciones

Por Carlos Luis Baron domingo 6 de mayo, 2012

Las elecciones son momentos concretos de la vida política que funciona sobre la base de una construcción diaria de significado que estructuran los intereses y valores de los ciudadanos.

Es por esto que las campañas electorales dependen en gran medida de la calidad del candidato, la profesionalidad de los asesores y la exactitud de las propuestas políticas, así como muy particularmente del apoyo que tengan de sus partidarios. Cuanto más apoyo haya de los militantes ideológicamente comprometidos mayor es el fruto que dará en las urnas el atractivo potencial del candidato.

Hipólito y su equipo ignoraron por completo este componente, creyendo que con el PPH le bastaba para salir airoso del presente torneo electoral, su soberbia sólo logró multiplicar sus riesgos y márgenes de errores, perdiendo la oportunidad de corregir estos aspectos que ni siquiera tuvo en agenda.

Leer la política más allá de las palabras puede ser un diferencial enorme en un proceso electoral. Maquiavelo lo explica claramente en varios pasajes, especialmente en el capítulo dedicado a la confianza del elector en el político.

El candidato pepehachista basó equivocadamente su campaña haciendo uso del descredito y mentira que ni siquiera sus propios partidarios creyeron, desaprovechó todos los escenarios dispuestos para plantear al país una propuesta de gobierno seria, causando vergüenza ajena, no hizo un sólo planteamiento convincente a los electores sobre cómo resolver los problemas de la nación o cómo enfrentar impredecibles crisis externas que pueden llegar a afectarnos en el futuro.

Las propuestas políticas tienen que elaborarse como mensajes que consigan el respaldo de quienes tienen derecho a elegir a su futuro presidente, estas actúan sobre la predisposición de los votantes activando o desactivando los procesos cognitivos.

Sus constantes contradicciones lograron desmovilizar al núcleo de votantes que en un momento estaban decididos a votarlo, convenciéndose de que este carece de facultades indispensable para dirigir una nación.

Mejía demostró ser una persona irreflexiva, que no respeta ni a los hombres ni a las instituciones, ha dejado manifiesto que menosprecia a los pobres, como por ejemplo a las trabajadoras domésticas, burlándose de ellas y acusándolas de ladronas.

En lugar de ser propulsor y promotor del Convenio Internacional sobre Trabajo Doméstico, discutido en la 100ª Reunión de la Organización Internacional de Trabajo (OIT), junto a la Recomendación Internacional Nº 201, adoptado por trescientos noventa y seis votos a favor, dieciséis en contra y sesenta y tres abstenciones en Ginebra en el año 2011.

Se refiere a las condiciones de trabajo y los derechos de millones de trabajadoras domésticas de diferentes países, puesto que el 80% de este colectivo es integrado por mujeres.

Danilo Medina en cambio, le atribuye una prioridad significativa, por lo que en su gobierno será ratificado, protegiendo así a un sector normalmente irregular, con ninguna cobertura de seguridad social y con alta participación de las mujeres.

Producto de sus desaciertos, la personalidad del candidato opositor se ha tornado más agresiva de lo habitual y contagiando con su actitud a sus seguidores que han llegado al extremo de manifestar su depresión constituyéndose en turbas de delincuentes que agreden físicamente a sus opositores y apedrear las caravanas peledeístas.

Lamentablemente, esta conducta irracional de algunos perredistas que se repite en todas las campañas electorales dominicanas, transmiten un mensaje totalmente opuesto al que el pueblo aspira que exhiban sus líderes. Lógicamente este componente psicológico tiene una inmensa utilidad en el mundo de hoy, donde la política se ha transformado en un espectáculo mediático que deja al desnudo tanto las virtudes como defectos de los personajes públicos.

Debemos observar inteligentemente, a partir de allí sacar conclusiones y actuar el próximo 20 de mayo.