Hipólito y la Parafernalia del Poder

Por Carlos Luis Baron lunes 12 de marzo, 2012

El Presidente de la República, En el análisis más elemental sobre la realidad de las candidaturas de los dos principales candidatos, se colige que el PLD no es un partido que conduce un gobierno, sino que el PLD es un partido dueño de un estado y un país.

Por esas razones usted observa que el llamado primer frente electoral que está bajo la egida del presidente de la republica, el Dr. Leonel Fernández Reyna, en su urgente periplo nacional para intentar oxigenar la candidatura oficialista del PLD, llega a las ciudades, barrios, campos e instituciones de la sociedad civil, con una alforja de papeletas del presupuesto, miles de millones que a raudales está invirtiendo a favor de Danilo y la Primera Dama, que es su distinguidísima esposa.

Por otra parte, el Candidato del opositor PRD, Ing. Hipólito Mejía, es un hueso duro de roer, tiene una gran reciedumbre como candidato de profundo arraigo popular, porque aun sin la integración de su contendor en la convención interna del PRD, hace justo un año de este proceso, además de las travesuras organizadas desde los estamentos del gobierno, como por ejemplo el Tribunal Superior Electoral, que le rechaza las alianzas de partidos que cumplieron con todo lo de la Ley, excepto, que no se fueron con el oficialismo, con poca publicidad gráfica, cuente las vallas del oficialismo y las de Hipólito, así como los anuncios en radio y televisión, lo que se evidencia en franca desventaja, aún así, tiene una puntuación que alcanza el máximo histórico del PRD, para esta fecha de la cita electoral.

La lectura es muy sencilla, el gobierno y el aparato estatal al servicio del candidato oficialista, JCE, Senado, Diputados, Cámara de Cuenta (la incluimos porque sería incapaz de sacar una auditoria que perjudique un solo funcionario que apoye a Medina), el Tribunal Superior Electoral, el Tribunal Constitucional (muy a pesar de los pesares), los funcionarios con la bacteria mediática pagada por las instituciones públicas, bono luz, bono gas, solidaridad, senasa subsidiado, etc. Con toda esa parafernalia, Hipólito Mejía, ese coloso electoral se mantiene solido en toda parte del territorio nacional.

Que pasará en este tramo que es la hora punta del proceso electoral dominicano?

François Mauriac, en la biografía de Charles de Gaulle, habla de los ciudadanos que se montan en la hora punta del tren electoral, y efectivamente entramos en esa etapa. Estos son los votantes que representan un 20% del electorado nacional, esto se inclinan más por los factores de bienestar o los que están disconformes en materia económica, política y social.

En este tramo el candidato oficialista la tiene perdida, porque que ciudadano comprometido con su conciencia y la patria, votaría para que continúe un partido en el gobierno que tiene sus libertades internas conculcadas hasta el 2016, y “el Jefe”, le otorga al candidatura vicepresidencial a su esposa, como si fuese una sortija, en desmedro de la meritocracia partidaria y de la mujeres del PLD.

Que ciudadano que ame su patio lar, votaría por un partido que según los informes de todas las actividades medibles como la educación, nos colocan en los últimos lugares, pero no así en el barómetro latino y transparencia internacional, que nos colocan en un lugar de preeminencia en corrupción, lógicamente, no se incluyo los nuevos escándalos de las obras en la reconstrucción de Haití, de parte de funcionarios del gobierno, hombre altamente comprometido con la victoria sobre todo de la Primera Dama.

Hay un amplio sector de los electores no partidistas, que les duele el país que contemplan impávidos como el sacrificio de los héroes del tiranicidio, de los jóvenes de la generación perdida que ofrendaron sus vidas en la de la tiranía de Trujillo, por la democracia dominicana y los últimos mártires nacionales, los que en abril del 65 se lanzaron a la guerra patria para la vuelta a la constitucionalidad y restaurar la democracia perdida tras el golpe de estado del 1963, no votarán para la reafirmación de un estado degradado por malos dominicanos, que cegados en la ambición de poder y continuismos han destruido la credibilidad en las instituciones que son soporte de la democracia.