Hipólito y su incontinencia verbal

Por Carlos Luis Baron domingo 25 de marzo, 2012

El candidato Hipólito Mejía no es solo famoso por su repentísimo político-histriónico, sino, por su incontinencia verbal en cualquier escenario. Hacer un levantamiento breve y sucinto de esos exabruptos y disparates, es más que un ejercicio de semiótica de grosería, es, lindar con un consultorio psiquiátrico; y estamos, creo yo, siendo benévolos al reducirlo al diván.

Da risa escuchar a Hipólito -queriéndose salir por la tangente-, después que el mismísimo Cardenal le enmendara la plana por aquello de que no pagará deudas viejas. Lo menos que dijo la autoridad eclesiástica del candidato Hipólito fue: “No, dejen al candidato hablar, que diga lo que quiera”. Las palabras del Cardenal traducidas al lenguaje coloquial equivalen a decir:!amárrenlo! Pero, ¿y quién lo marra?

Otro momento memorable de incontinencia verbal del candidato Hipólito, se dio hace unos tres o cuatro días, y en la misma cara de monseñor Agripino. En esta oportunidad, amenazo, dizque en son de chanza, con revelar una supuesta cuenta del clérigo. La cara de sorpresa de Agripino fue la de alguien que atónito se pregunta: pero, ¿qué pasó aquí? Y pensar que, ése mismo candidato, hablaba desde la casa de estudios que preside el mismo monseñor. ¿Habrá visto y oído alguien, semejante irrespeto y desfachatez?

Sin embargo, el registro de malas palabras, de insultos y de groserías del candidato Hipólito Mejía, se remonta -al menos de las que son de dominio público- a su paso por el poder (2000-20004), en donde nada quedo a la imaginación pública: 25 años dando…., cuando la yuca es grande hasta la tierra se abre…, y un sinnúmeros de sandeces y ‘pleberías’ pasaron a ser discursos, decisiones y políticas de Estado. Y el país entero, inmediatamente, descodificaba la grosería y la vergüenza, también.

No hace mucho, el candidato Hipólito Mejía se despacho con un rasgo nada oculto de su personalidad (a propósito de “dictadura constitucional” con que el PPH y sus mediáticos quieren reposicionarse en el segmento electoral de la clase media) y de su pobre conocimiento de nuestra historia al hablar de “reivindicar algunas cosas buenas de Trujillo” y de “servicio obligatorio militar” para los jóvenes. Ambas cosas, son, en leguaje llano, dos olímpicas burradas.

No sé, pero si este país se equivoca -¡que Dios no lo quiera!- y favorece a Hipólito Mejía, el próximo mayo-20, mejor sería declararnos manicomio. Sí, ¡manicomio!

Y si tal absurdo aconteciera, hasta el propio y preclaro Américo Lugo, desde su tumba, exclamaría: ¡Oh Dios, todo se ha cumplido!: nos quedamos en el trayecto de Nación. ¡Puta sea!, diría yo.