Honor y honra al cónsul Máximo Taveras

Por Carlos Luis Baron miércoles 12 de diciembre, 2012

Al cónsul de República Dominicana en San Juan y las Islas Vírgenes estadounidenses, Máximo Taveras, le conocí en los múltiples viajes que he realizado a la Isla del encanto en actividades y actos de solidaridad y hermanamiento dominico puertorriqueña.

El era cónsul de Mayaguez, y siempre asistía a las actividades que las alcandías de la región suroestes de Puerto Rico les invitaba, donde nosotros y nuestros hermanos boricuas organizamos. Siempre diligente, solidario. Recuerdo que los alcaldes de nuestros municipios, que asistían a esos encuentros, resaltaban el interés de Máximo por cuantas diligencias y eventos se hacían.

El no veía si eran del PRD, del reformista o comunistas, le bastaba que fueran dominicanos que buscaban reforzar los lazos entre ambos pueblos, que impulsaban el desarrollo cultural, turístico, comercial, tecnológico, de inversión.

Se sentía a gusto, me manifestó en múltiples ocasiones la satisfacción por la labor que llevaba a cabo en Puerto Rico que acrecentaban las actividades culturales, a través de la promoción y el intercambio en las artes, las humanidades, la educación y el deporte.

El presidente Leonel Fernández tomo una sabia decisión cuando lo ascendió nombrándolo cónsul general en San Juan, Puerto Rico. Los frutos de su gestión estan ahí, abalada por el apoyo y reconocimientos de las diferentes organizaciones y grupos dominicanos en la Isla.

Se dice que Máximo Taveras marco la diferencia como cónsul en San Juan, y que junto a la gestión de Andrés Moreta Damiron, han representado verdaderamente a los dominicanos, fortaleciendo la hermandad y solidaridad que históricamente han tenido ambos pueblos. Recordemos que en el 1879 llegó a la República Dominicana el prominente educador Eugenio María de Hostos, creador del sistema educativo, que fortaleció y llevó a otras naciones de Latinoamérica, mientras que en el 1798 don Juan Isidro Paulino y Soto de los Caballeros, pescador nativo de Puerto Rico, fundó Bayahíbe, atractiva playa ubicada en la localidad turística de Boca de Yuma, Provincia de Higuey, además, en La Romana existe la Casa Puerto Rico y lo que hoy es Casa de Campo y Central Romana con todos sus atractivos y producción, se llamó Puerto Rico Sugar Company, al tiempo que Don Rafael Hernández, nos regalaba la canción “Quisqueya”, entre otros históricos vínculos de acercamiento y solidaridad domínico-puertorriqueña.

Pero además, el saliente cónsul, Máximo Taveras, ha sabido reclamar respeto para los inmigrantes dominicanos en Puerto Rico, cuando han sido tratados con violencia por la policía o sufren violaciones a sus derechos, situación que se ha dado por discriminación a la población dominicana.

Por ello no me ha extrañado que el ingeniero Francisco “Pachín” Ramírez, que hace 50 años vive en Puerto Rico, presidente de la Alianza Dominicana en Puerto Rico, elogiara el trabajo realizado por Taveras, que considera como uno de los mejores hechos por un cónsul dominicano en la isla.

Al despedir al cónsul de República Dominicana en San Juan y las Islas Vírgenes estadounidenses, Máximo Taveras, les digo que junto a los amigos puertorriqueños, Salvador Morales, Francis Vélez, Pieter Sorrentini, Peter Hernandez, Lucy Riveras, Isabel Delgado; los alcaldes Isidro Negron, Marcos Irizarry, Pedro García, y otros buenos amigos, seguiremos manteniendo las ideas y las figuras viva del antillanismo histórico que representaron personalidades como Eugenio María de Hostos, Gregorio Luperón, Antonio Maceo, Máximo Gómez, José Martí, Emeterio Betances y otros que lucharon por construir una sola patria caribeña. Seguiremos sonando, pensando en un Caribe unido por el lenguaje cultural al margen de nuestras diferencias, sin negar nuestras diferenciaciones sociopolíticas pero admitiendo un pasado común y con procesos semejantes tanto en lo antropológico como en lo histórico…

Por ello digo, mi amor a Puerto Rico no es gratuito, mas aun cuando hace más de 50 años les dio hospedaje a mi madre, Dulce Pena, inmigrante dominicana en busca de una mejor vida.

Reconocer la labor ajena tiene sus beneficios y también tiene sus bemoles, al reconocer una labor se corre el riesgo de pasar por alto a otros que quizás han hecho lo mismo o mejor, pero no debe esto detenernos en reconocer al que reconocimiento merece

¡Viva Puerto Rico! ¡Viva Republica Dominicana! ¡Viva la hermandad dominico puertorriqueña!

El autor es periodista