Huellas del pasado, impunidad e impacto social

Por Carlos Luis Baron miércoles 12 de diciembre, 2012

En las ultimas 5 décadas la República Dominicana ha sentido el peso fúnebre de la impunidad, sobre manera cuando se ha tratado de enfrentar con criterio jurídico legal a servidores públicos han robado los recursos del estado.

Hasta la última década la palabra impunidad no había tomado auge como hasta el día de hoy, cuando se sienten los negativos resultados y efectos de una sociedad distraída, ensimismada, atrapada en la ignorancia, manipulada y desorientada como la nuestra.

El manejo de los recursos del Estado en forma personalizada de cientos de miles de funcionarios que se han servido sin rendir cuentas, sin controles y sin reclamos ha degenerado en un modelo altamente rechazado por las nuevas generaciones que grita por los cuatro vientos CAMBIO!!!

Al razonar los fenómenos sociales, la extrema pobreza, las desigualdades, inequidad, injusticias, falta de oportunidades, analfabetismo en doscientos años de historia, entendemos el por qué se ha invertido lo mínimo en materia de educación, un pueblo analfabeta es fácil de narigonear, no tiene calidad para exigir sus derechos, puesto que no los conoce y por lo tanto es dominable, se somete sin mas explicaciones.

Los niveles deplorables de crímenes y delitos, la violencia, la falta de amor entre los seres humanos, la división de la familia, la disertación escolar, los embarazos en adolescentes, la baja calidad de los maestros, el macro nivel mediocre de los “profesionales”, la actitud avara de los comerciantes, la deslealtad de los trabajadores, la actitud reprochable de médicos de todo genero que han dejado de ser profesionales de la salud para pasar a ser comerciantes, la pérdida de la fe cristiana, el desempleo, el aumento de jóvenes dedicados al atraco, robos, asaltos, asesinatos y sicariato por tan solo citar unos cuantos renglones comunes, nos dan una idea aproximada de la sociedad que hemos construido y consentido.

Hay muchas maneras de empujar a una sociedad al vandalismo, la pobreza, al crimen organizado y el Estado está en la obligación de recomponerla sin pérdidas de tiempo, para comenzar es necesario procurar la equidad, la distribución justa de la riqueza, la inequívoca impartición de justicia, en donde juzguemos a todos por igual, sin distinción de persona.

El Estado debe controlar los recursos y el gasto público, los funcionarios no pueden ni deben manejar la cosa pública como si fueran dueños de ella, sin ser fiscalizados ni requeridos en forma seria y comprometida, existen organismos de control que no funcionan, mas bien se desempeñan como cómplices de quienes están supuestos a vigilar para que no se siga depredando los bienes del pueblo dominicano.

Una sociedad sin escapatoria buscará como el agua una salida a como de lugar a sus problemas del diario vivir, son muchas las trabas a vencer y cada una peor a la otra, la tendencia es asumir lo mas fácil, lo que aunque implique situaciones embarazosas se verá obligado a ejecutar, independientemente de los valores humanos que se tengan cuando se trata de sobrevivir, cuando un pueblo no tiene escapatorias, cuando ha perdido las expectativas, esperanzas y la vergüenza es muy capaz de convivir con la irracionalidad de la ley de conservación de la vida y hasta de comerse así mismos si fuere necesario.

Qué se puede hacer para procurar un verdadero CAMBIO?

Algo que nunca se ha hecho es responder a las nuevas generaciones con trabajo seguro al terminar sus estudios superiores, el cual esté garantizado seis meses antes de que concluya su investidura; algo que debe eliminarse es el decreto que surge en el gobierno de Leonel Fernández, ejecutado por la Dirección General de Impuestos Internos, DGII, que instituye el pago de impuestos anticipados a la renta, esto genera quiebra en forma irremediable en la pequeña y mediana empresa, que son la mayor fuente de empleos que sustenta la economía nacional.

Algo que nunca se ha hecho es lo que ocurre en los Estados Unidos y Europa en donde los trabajadores pueden cambiar de trabajo sin perder sus derechos laborales, no hay temores, porque, las garantías son sustentadas por el Estado y en los tiempos sin trabajo suple los salarios, medicamentos, rentas, cupones, busca nuevo empleo y como si fuera poco al cumplir los 55 a 65 años de edad la pensión de vejez es automática y de por vida, respetando todos los derechos de los contribuyentes, quienes pagan religiosamente sus impuestos afanosamente, pues saben serán devueltos a satisfacción y sin pérdidas de tiempo.

Algo que hay que hacer es controlar con medidas extremas de seguridad las ADUANAS, los puertos, aeropuertos y cada uno de los medios de captación de recursos económicos en donde quiera que se pague rentas nacionales y municipales, llámense impuestos, tasas, arbitrios, contribuciones, retenciones o como se llamen, de manera se pueda garantizar con justicia la calidad de vida de cada contribuyente quienes al final de su vida útil laboral recibirán la proporción que le corresponda en función de sus aportes.

No hay que ser economista para entender que estas políticas sociales sin dudas promoverían un país sin violencia, pues lo que produce que se altere la paz ciudadana es no saber cuál es el futuro nos espera, de qué vamos a vivir cuando alcancemos la tercera edad, es precisamente lo que aloca a la juventud y debido a modelos equivocados y a los falsos valores foráneos surge la desesperación en obtener riquezas a temprana edad a como de lugar, a costa de lo que sea, sin importar consecuencias, pues vivimos en un país donde reinan la injusticia y la impunidad, en donde los políticos se hacen ricos y millonarios de la noche a la mañana y se les aplaude, no se les cuestiona, no se someten a la justicia y cuando son sometidos se destapan con que es o se trata de una persecución política de la oposición.

Los malos ejemplos llevan más de 50 años repitiendo la misma historia en donde los más pobres pagan los platos rotos de quienes se roban el país y disponen de él en las narices de tod@s sin que nada ocurra, pues no hay sanciones para los que manejan la cosa pública, esto ha provocado la ira del pueblo y los resultados se han dejado ver de manera fiel en el comportamiento de los deprimidos, de una población condenada a la pobreza, marginada, hostigada, vejada, violentada hasta los tuétanos, no reconocida, nada valorada, que ahora se expresa a través de movimientos sociales que a su vez han encontrado el respaldo de organizaciones políticas de izquierda y derecha apoyando las decisiones de la sociedad civil no confabulada con el crimen de empobrecer cada día más a los dominicanos.

La sociedad que hoy tenemos es el resultado de todo lo que se ha construido en el pasado, decidido por un grupo minoritario que ha entendido ser los dueños del país, sin reconocer los derechos sociales y humanos de un pueblo que ahora despierta muy dispuesto a empoderarse para impedir se repitan cíclicamente los mismos errores del pasado sin que se haga justicia, somos el resultado de los ladrones que nos han manejado y convertido en delincuentes comunes, con los que aprendimos a perder el miedo a la ley y es por eso que ahora matamos, asesinamos, robamos, asaltamos, atracamos, vendemos y traficamos lo que sea y hacemos lo que nos venga ganas y es por eso que ahora también nos matan a plomo, porque las cosas se les ha ido de las manos al grupito que controla y ahora quieren reprimirnos y nos llaman delincuentes.

Debemos resolver en primer plano los problemas prioritarios, alimentos, empleos, salud, educación, seguridad ciudadana, oportunidades de desarrollo, eliminación del barrilito, de las funditas y de ,cualquier forma de dádivas, los pueblos no crecen con sanidad por esta ruta de mendigos, necesitan ser libres económicamente para tomar sus propias decisiones, para definir el futuro sin limitaciones ni discriminaciones, no podemos seguir viviendo bajo el chantaje y los abusos del poder político, pues lo real es que nunca nos han dado nada, solo se han servido con la cuchara grande, nos han repartido migajas, mientras comen el mejor filete, la parte más jugosa del pastel del estado.

Ciertamente que somos el resultado de una sociedad humillada, ahogada en su propio jugo, que aprendió a odiarse así misma, que tiene sus propios rencores, pero que ya no está dispuesta a tolerar un día más de tortura y malos tratos, merecemos un CAMBIO en Nombre de la PATRIA.