Impuestos incluidos

Por Carlos Luis Baron martes 5 de junio, 2012

En épocas especiales del año, las grandes tiendas norteamericanas acostumbran poner en baratillo la mayor parte de su mercancía. Lo que dejen alegadamente de ganar en ese día, se revierte en el desarrollo de la imagen pública del negocio.

De hecho muchas personas esperan el Día de Acción de Gracia, Día de la Independencia, o cualquier fecha emblemática, para poder adquirir artículos varios a precios de fábrica.Una ganga, piensa el guasón.

Pero los norteamericanos no entregan todo en los superespeciales, es famoso el slogan: ¡Baterías no Incluídas!. En el día dedicado a los niños los juguetes se venden a bajo precio, pero hay que comprar aparte las baterías. En muchos casos se dá que el juguete tendría un precio muiy por debajo de lo que valen las baterías, o pilas, que son necesarias para que funcione.

De esa forma encubierta, manejada la situación por los reyes de la propaganda, se cobra la diferencia del valor del juguete con los precios de las baterías, o pilas como decimos los dominicanos, y lo que se perdió en el baratillo, el tendero lo empata con los cargadores.

Con los impuestos pasa algo parecido en la República Dominicana. Aquí sería a lo inverso, a los pobres se les vende con el impuesto incluido. Una reforma fiscal, sino hay un saneamiento social, será la guillotina de los pobres.

Los empresarios en forma socorrona y malsana destacan que sólo a ellos les perjudicaría una reforma impositiva, si no es por consenso, y que los pobres no pagan impuestos y todo se lo dan.

¡No es así!. Por el contrario, a quienes se les da todo, y se les permite la repatriación de sus capitales sin dejar beneficios al país, es a esos empresarios de viejo y nuevo cuño.

Si damos una ojeada a las proporciones, son los pobres los que más impuestos pagan en la República Dominicana, haciendo un balance de su salario, y lo que compran.

Al pobre no se le puede cobrar impuestos a sus ganancias, pero si se le extrae de sus miserias.

Ganando un salario mínimo que no pasa de siete mil pesos mensuales, el pobre paga seguro médico y funeraria, que de hecho es un impuesto, y ahí vienen los agregados. La mayor parte de la población es chiripera o desempleada, y paga impuestos por lo que no ha recibido.

Cuando utiliza una guagua de transporte público paga impuesto, debido a que el chofer previamente le subió al pasaje, porque dice le cobran más por la gasolina. Cuando compra un huevo en el colmado, ya está pagando el impuesto que se le fijó a travez del almacenista.

El pobre compra su comida a diario, por lo que cada 24 horas tiene que pagar impuestos. Cuando compra una libra de arroz, media de habichuelas, 20 de salamí, un guineo, dos de sal. En todo va cubriendo un impuesto que él no se imagina que paga.

De ahí que si alguien piensa en hacer reformas impositivas, el consenso no puede ser sólo con los ricos y los empresarios, sino que también se debe ir a escuchar la voz del que compra una sudorina de dos pesos.

En los Estados de las ilusiones, las baterías no están incluidas, pero en la tierra de Doña Machepa los impuestos si están incluídos.