Impuestos pobres

Por Carlos Luis Baron miércoles 4 de julio, 2012

Una reforma impositiva debe ser hecha para proteger a los pobres. El hombre de pie descalzos y la mujer sin salón pagan demasiado impuestos. Le llegan cargados a la comida, a los trapos que se pone y en las destartaladas guaguas de concho que monta. El rico, el empresario, el cabildero, logra burlar el pago de los impuestos. Los evade simplemente, o lo recarga a cuentas de alegada beneficiencia social. El pobre tiene que pagar sus impuestos, porque se lo echan al pago del bocao diario.

Cada vez que un pobre compra un pan de agua paga un impuesto silencioso que viene en la harina y la manteca. Un pan con huevo que le costaría unos ocho o diez pesos, lleva de uno a dos de impuestos solapados. Los economistas graduados en prestigiosas universidades nacionales e internacionales solo rebuscan las cargas en los grandes consorcios, en el empresario que los utiliza para arreglar nóminas, pèro nunca se detienen a ver el balance de los impuestos en la venta al detalle.

De hecho, cuando adquiere sus alimentos el pobre es el que más paga por ellos. Fijese usted la diferencia entre una libra de arroz comprada en un supermercado, y otra en la pulpería de la esquina.

El que tiene zápatos rotos no va a los supermercados donde hay grandes especiales, se queda en el colmado, donde le suben los precios desde el almacén, y el cual es su única alternativa y posibilidad de adquirir sus alimentos.

Vamos a realizar, si es necesaria, una reforma impositiva para que la paguen los que más ganan y los que tienen más dinero. No se puede hacer pagar impuestos a los casi dos millones de dominicanos que viven del empleo informal, o de lo que apareza, o de la chiripa, como dicen.

Asimismo pedimos al Presidente electo, Danilo Medina, que disponga la creación de un control de los precios de los artículos de primera necesidad. Si bien es cierto que hay una globalización económica de la oferta y la demanda, en todos los países se protege lo que se llama la canasta familiar, y ello es necesario en la República Dominicana. Tenemos la esperanza de que se protejan los comestibles que más demanda la clase pobre, que no paguen impuestos en su procesamiento y que desde los almacenes se vigile que no se altere su precio.

Ahora tenemos un caso explosivo que se ha dado con la carne de pollo, que desde hace años es considerada la carne del pobre. No se puede boicotear el consumo de la carne de pollo, porque no hay sustitutos. Lo que se tiene que hacer es obligar a que se venda este producto de acuerdo a su costo de producción. ¿Si el pobre deja de consumir carne de pollo, qué va a comer? . Nada. No sigamos patrones de Estados Unidos, donde hay sustitutos de un alimento que se boicotea. Los picapollos dominicanos viven llenos, por la sencilla razón de que venden barato y dan mucha carne.

Por eso los chinos han sacado a las cadenas dominicanas de venta de pollos fritos. En vez de boicot, las autoridades tienen que aplicar el peso de la ley a los especuladores. No más impuestos para los pobres, puede ser una buena sugerencia, en una reforma impositiva.