Inhumano, cruel e indolente

Por Carlos Luis Baron jueves 5 de julio, 2012

NUEVA YORK._ El pasado 3 de julio en la tarde, un hijo de un reputado mecánico de Moca, Ramón Arístides Cáceres Cabrera (Tito) de 30 años de edad, fue mortalmente baleado con cuatro tiros en el pecho frente a su casa del paraje La Ermita, situado a unos 5 kilómetros del pueblo. A falta de un servicio de ambulancias y de paramédicos eficientes, de lo que hace décadas carece Moca, excepto las del hospital doctor Toribio Bencosme y los bomberos, que siempre están inservibles por una razón u otra, parientes y amigos de Cáceres Cabrera, se vieron obligados a transportarlo en la parte trasera de una camioneta y llevarlo ellos mismos a un centro médico del municipio.

La víctima, quien según la versión de la policía, fue asesinado en un “ajuste de cuentas” y tiroteado por un hombre que abordaba una yipeta Misubishi Montero Sports, llegó agonizando al centro asistencial. En un video filmado por un reportero del blog de Moca concerteza.com, se aprecia una imagen de sangre, tragedia y horror y en la que un grupo de personas le piden a Tito que no se vaya, que no se muera, tratando de ayudarlo en medio de los llantos, los gritos y la desesperación extrema.

Se escuchan voces en las que un hombre y una mujer claman por la presencia de un médico para que lo atendiera. Sobre una camilla de color marrón oscuro y en un cuartucho en el que no hay más nadie que quienes lo llevaron como buenos samaritanos para tratar de salvarle la vida, sin máquinas, oxígeno ni otros equipos quirúrgicos de los usados en las emergencias graves, como fue su caso, se aprecia con los últimos estertores de vida al baleado.

En su pecho, abundante sangre y se nota que ya las fuerzas se le escapaban, sin que pudiera pronunciar una sola palabra. El clip termina cuando una mujer de las que estaba en el grupo, va saliendo por la puerta de la habitación, impotente y gritando nuevamente por la presencia de algún doctor.

Hasta ahí la escena en vivo, que pueden ver en http://youtu.be/nH2bVpPaHMc.

Hubiera sido un caso común, de los tantos que originan el narcotráfico, el crimen organizado y la delincuencia en la República Dominicana, si no hubiera sido por lo que ocurrió mientras Tito agonizaba. Recibí una llamada de una persona que estaba en ese centro médico para informarme que a pesar del llamado de los dolientes de Tito para que un médico lo atendiera, apareció una empleada de la administración, quien les dijo a los familiares que buscaran $1 millón pesos “y veremos qué podemos hacer por él” en referencia a que la millonaria suma debía estar garantizada o de lo contrario el moribundo, cuya hemorragia externa lo ahogaba en sangre, no sería atendido.

Los parientes le garantizaron a la empleada que pagarían la suma para que los médicos hicieran todo lo posible para salvarlo. Luego de esa garantía, lo ingresaron al quirófano, pero Tito expiró a las 4:15 de la tarde.

El alegato de los galenos fue el de que no pudo resistir la delicada cirugía para extraerle las balas y que tenía parte de sus órganos vitales como el hígado, riñones e intestinos, destruidos por los plomos.

Esa práctica médica se ha hecho recurrente en un país que como el nuestro la vida no vale absolutamente nada y aquellos que juraron a Hipócrates, salvar las vidas de sus semejantes, sin importar si tienen dinero o no, han convertido en mercados particulares su ejercicio clínico, operando cada consultorio de los que son arrendatarios o socios en los centros médicos, como una especie de compra y venta de la vida.

El de Tito es sólo un caso de los cientos que se verifican cotidianamente en la República Dominicana, donde no tenemos leyes que impidan el que los médicos, especialmente en la práctica privada antepongan sus beneficios económicos por debajo de la vida de cualquier ser humano.

Las muertes de muchos que esos galenos han dejado morir por las mismas razones, son incontables. Y no es que no cobren sus servicios, pero deberían tomar en cuenta que una vida deber ser considerada como prioridad 1.A, salvar primero a los pacientes y cobrar después no hace diferencia, pero las exigencias en sentido contrario, convierten a esos doctores y administradores de centros médicos privados en sujetos y comerciantes no sólo crueles, sino también en inhumanos, indolentes, asumiendo una actitud repugnante que creo sólo se ve en nuestro país.

Lo peor de todo es que hasta ahora, no ha surgido un solo gobierno de ninguno de los partidos mayoritarios que se haya atrevido a poner en cintura a esos mercaderes de la vida humana, porque ese y no otro, es el calificativo infame que se merecen.

Esperemos que el próximo gobierno de Danilo Medina, quien en su campaña prometió y repitió hasta la saciedad que se condolería de los pobres y hará “lo que nunca se hizo”, tome iniciativas legislativas que por lo menos comiencen a controlar y a limitar ese tipo de conducta de parte de esos mercaderes de la medicina, la salud y la vida humana.

Un mecanismo atinado sería el de las demandas en contra de los doctores que se nieguen a atender emergencias ante las cuales reclamen primero el dinero o preguntan ¿quién pagará?, antes de atender especialmente a los que llegan graves a sus centros médicos privados. Otro, el de cancelarles el exequátur o licencia del estado para ejercer y un tercero, más drástico, acusarlos en la justicia de homicidio inducido, involuntario o negligencia con la agravante de su desprecio e indiferencia depravada por la vida humana.

Esos conceptos podrían instituirse en una ley, que le daría al país y su mayoría de pobres, la oportunidad de ser tratados como seres humanos y no como mercancías que se pueden comercializar medalaganariamente a expensas de la indolencia, la indiferencia y la atrocidad de quienes, por el sólo hecho de ostentar un título, ejercer una práctica o tener en sus manos, la vida de alguien, prefieren dejar morir a una persona por falta de dinero inmediato antes que salvar sus vidas.

En pleno Siglo XXI es tiempo de que los dominicanos reflexionemos sobre esa aberración que no se concibe y se castiga severamente en países civilizados como los Estados Unidos y muchos otros de Europa y Asia, inclusive en América Latina.

Para refrescar un caso en contexto, recordemos que hace unos meses en la Plaza de la Salud de Santo Domingo a familiares de un interno que había muerto, se les exigieron $2 millones de pesos para entregarles el cadáver.

¿A eso llamamos civilización, progreso y desarrollo?.