Inician tarea lúgubre y solemne de identificar víctimas Katrina

Por viernes 9 de septiembre, 2005

St. Gabriel (EEUU), (EFE).- Los camiones refrigerados siguen transportando hoy a una gran nave habilitada como tanatorio frente a la alcaldía de la localidad rural de St. Gabriel, en Luisiana, a las víctimas mortales del huracán Katrina.

"Son personas, no cuerpos", dijo, adusto, a EFE un oficial del Departamento de Seguridad Nacional, identificado sólo como Fisher y que, vestido con uniforme totalmente negro de intervención rápida urbana, cerró el paso a los periodistas a la entrada del recinto cercado.

El huracán, que se abatió hace doce días sobre las costas de Luisiana y Misisipi, ha dejado una cifra todavía no determinada de muertos, y los restos recogidos de las calles y edificios inundados de Nueva Orleans, hacen el viaje hacia la morgue a lo largo de 85 kilómetros que separan a la ciudad de St. Gabriel.

El gobierno federal ha impuesto una severidad solemne en torno al galpón donde equipos de médicos forenses examinan los cuerpos de los muertos y acumulan datos genéticos y físicos que permitan, eventualmente, la identificación de esas personas.

Fisher advirtió a los fotógrafos de prensa que, quien tome vistas no autorizadas de la nave, "tendrá que vérselas con un juez federal".

El tanatorio incluye decenas de mesas rodantes, que cuentan con una superficie en declive y un desagüe por donde se escurre el agua no potable, traída en camiones cisterna, con que se lavan los cuerpos durante la necropsia.

La identificación directa es casi imposible: los cuerpos que permanecen en el agua unas 48 horas se hinchan, los rostros se tornan irreconocibles, y la carne se oscurece, porque la muerte iguala a negros y blancos.

Todo lo que los expertos forenses pueden hacer es tomar datos dentales y muestras de tejidos que se designan con códigos y se guardan para una futura identificación por análisis genético.

"Este es un sitio de respeto", dijo adusto Fisher. "Es un sitio que no está abierto al público, no está abierto a la prensa".

St. Gabriel está apartado de la carretera principal que pasa por la zona, y el único tránsito hasta el lugar está compuesto por los camiones frigoríficos y los vehículos de periodistas.

Las personas que buscan noticias de familiares o amigos perdidos desde el huracán deben conformarse con intentar durante horas la llamada telefónica a un funcionario que centraliza la información, pero que, hasta ahora, no la ha brindado.

Al desastre natural del huracán, totalmente fuera del control humano, siguieron la semana pasada una ruptura de los diques que contenían las aguas del lago Pontchartrain por encima del nivel de la ciudad, lo que dejó en el desamparo a unas 60.000 personas que no pudieron evacuar Nueva Orleans a tiempo.

El alcalde de la ciudad, Ray Nagin, ha dicho hace una semana que puede haber por lo menos 10.000 muertos en esa ciudad, y diversas autoridades han señalado la posibilidad de cientos de víctimas fatales desde el delta del Misisipi hasta la bahía de Mobile, en Alabama.

Pero, en principio, las autoridades insistieron hoy en que no se están recogiendo tantos cadáveres como se había pronosticado. Confían, por tanto, en que el saldo de muertos no sea tan elevado.

El edificio de la alcaldía de St. Gabriel se ha convertido en el centro de procesamiento de datos sobre las personas muertas, llevadas hasta la nave de color amarillo verdoso, que cubre una manzana y media al otro lado de una cerca.

La cerca de alambrada ha sido recubierta con plástico negro y a una carpa blanca dentro del recinto de la alcaldía donde, presumiblemente, los médicos descansan entre sus turnos de la lúgubre tarea.

Las tres tragedias -huracán, inundación y damnificados- han generado tormentas de acusaciones políticas y disputas sobre responsabilidades asumidas e irresponsabilidades desconocidas, y hoy quedó relevado de la dirección de la Agencia de Gestión de Emergencias de EEUU (FEMA), Michael Brown.

En Nueva Orleans las autoridades repitieron hoy que procederán a la evacuación forzosa de miles de residentes que no quieren irse, pero al mismo tiempo continúa el debate sobre cuáles son las atribuciones legales para sacar a la gente de sus casas. EFE