Jarana sin Fundamento

Por Carlos Luis Baron miércoles 14 de marzo, 2012

“En política la estupidez no es una discapacidad”

Napoleón Bonaparte.

En el panorama general de la política dominicana parece haber unas tendencias solemnes y otras dicharacheras. Ciudadanos que no sienten mucho respeto o que esperan muy poco de la política la asumen de manera carnavalesca, restándole importancia o dándole un lugar de segunda en el orden de las cosas relevantes en la dinámica social. En esta jornada electoral han sucedido una serie de eventos que confunden a los más agudos analistas de la sociología política local. La primera gran sorpresa fue la victoria de Hipólito Mejía sobre el ingeniero Miguel Vargas. Para los dominicanos Mejía ya era un difunto que cavó su propia tumba con el fracaso generalizado en su gestión de gobierno. Pero se supone que la sociedad dominicana también le teme a su estilo de jarana porque no corresponde con la formalidad y el protocolo de las cosas de estado. Además, esta jarana hiere el sentimiento de los que de verdad están “frenando en el aro”.

Muy sorpresivamente el principal fundamento de la campaña presidencial de Mejía ha sido el tono jaranoso y cherchoso que no revela absolutamente ningún cambio en él. El propio Miguel Vargas, un hombre y político solemne, se ha mantenido al margen de este fenómeno que apela a fundamentos que tarde o temprano le dan su aprobación a los aspectos negativos de nuestra sociedad. Vender un candidato como el “Papá” de un pueblo le queda grande hasta a Lula da Silva y sin embargo, es el punto culminante de que la contienda política dominicana parezca reñida. Pero queda la interrogante de si en realidad hay un segmento del pueblo dominicano que de verdad crea que pueden cosecharse buenos frutos en medio de esa chabacanería política. Para muchos esa es la línea a defender, para otros será algo pasajero y cuando acabe el jolgorio y la risotada, muy callados, irán a las urnas y depositarán sus votos por quién garantiza una aproximación cuidadosa, respetuosa y apropiada de las cosas públicas y de los cambios que con criterios científicos se deben seguir alimentando. Si algún comediante dominicano algún día decide lanzar su candidatura lo primero que haría sería quitarse la comedia de encima para que su credibilidad no se desmorone.

El candidato del P.R.D. ha creído que su estrategia mercadológica de tratar el manejo del destino de este pueblo con la avanzada del relajo para estar más cerca del pueblo es duradera, olvidó que tenemos muchos problemas que crean dolor y no se mezclan con discursos que más bien sirven para vender productos de consumo masivo como lotería, ron y bailes. Valga la asociación con la francachela.

El licenciado Danilo Medina es la antítesis de toda esta historia de escurrir el bulto para ocultar la naturaleza verdadera que acabaría con sus posibilidades de éxito como esperanza de un pueblo. Paremos la risa, acerquémonos a una realidad menos escapista. Echemos un vistazo en el escenario de padres responsables o irresponsables, pasémosle la factura al ex Presidente que si representa algún cambio, entonces es la reversa…