Jean Bertran Aristide, la democracia haitiana y las prioridades de Michel Martelly

Por Carlos Luis Baron lunes 26 de marzo, 2012

El derrocamiento del presidente legítimo de la República de Haití en el año 2004, se dispuso y se llevó a cabo, fundamentalmente, por causa y en contra de las legítimas luchas y reivindicaciones del pueblo haitiano encabezado por su entonces presidente en función Jean Bertrand Arístide. La razón, la sabemos. Pero el alibí circunstancial y el detonante, lo constituyó, en resumida cuenta, el reclamo por parte del gobierno haitiano de entonces al estado francés del pago de los famosos 21 mil millones de dólares que le adeuda Francia a Haití con relación a la histórica cuestión de la deuda de independencia haitiana. Ese tema espinoso, constituyó el verdadero pretexto y la buena excusa para realizar el último golpe contra J. B. Aristide, aprovechado por el pentagonismo y sus aliados.

Y creemos que fue ahí mismo, en ese momento histórico que se detuvo el débil proceso de una verdadera democratización de la Haití post Duvalier. Aquél golpe (un golpe acechado) fue, en cierto sentido, la estocada mortal a la democracia haitiana. Igual ocurrió cuando el derrocamiento del gobierno constitucional del profesor Juan Bosch en 1963, donde se dio golpe fatal a las aspiraciones y la oportunidad histórica de la implementación de una verdadera y genuina democracia en la República Dominicana, entendiendo todo lo que eso suponía para el importantísimo proceso de pasación, transmisión, entrega o la devuelta del poder, de los derechos y de la repartición equitativa de las riquezas al pueblo tras la caída del trujillismo.

Para recobrar toda su legitimidad y su vigencia, dicho proceso democratizador en Puerto Príncipe, debe volver a ese punto de partida o de caída. Es decir la devuelta incondicional del depuesto ex-presidente Aristide al poder ahora, para que termine su mandato de cinco años, dejado inconcluso en el año 2004. Le toca gobernar otros dos años adicionales, los dos años que le faltaban para completar los cinco años de mandato, al cabo de los cuales terminará democráticamente y felizmente su mandato de cinco años. Y eso sería una de las prioridades de Michel Martelly.

Entonces, luego de que el presidente Aristide complete esos cinco años, se podrán convocar a nuevas elecciones para que el pueblo haitiano elija libremente, en nuevos comicios limpios y democráticos, el presidente que quiera y que ha de dirigir sus destinos.

Ahora bien, cualesquiera de los actuales pretendientes a la primera magistratura haitiana, tendrá la oportunidad de postularse libremente, y eso, incluyendo al actual presidente Michel Martelly, el cual siendo joven todavía, puede voluntariamente ceder su puesto ahora al Doctor J.B. Aristide y luego, desde la oposición, hacer su aporte y acumular más experiencia política, quedándose en Haití, residiendo allá, y dedicándose verdaderamente a los asuntos políticos de su país .

Esta tesis es válida, esta concebida por el espíritu de la constitucionalidad democrática y emparada y avalada por la verdad y la verdad histórica. De otra manera, señores, es repetir los errores del pasado. Repetición absurda orquestada por algunos que se empecinan en ver en el proceso evolutivo del quehacer político haitiano una fiel copia de la historia y el proceso político que se ha vivido en su propio territorio, mirando, lamentablemente, en el laboratorio, más allá de la frontera, por un prisma borroso de prejuicios, menosprecio y desdén y con la con mente nublada por la retórica de la aniquilación de todo lo que va en sentido contrario a sus intereses.

A la verdad, tengo muchos años diciéndoles que no es así, y que no puede ni debe ser así. Que cada nación tiene su propio camino que trillar. Y que los fenómenos socio-políticos de evolución o revolución nacional o los fenómenos político-sociales nacionales de evolución histórica, no tienen porque ser idénticos en todos los lugares.

Creerlo de la otra manera y persistir en ello, repito, y peor aún, formatear, en la mente de las jóvenes generaciones, esos conceptos livianos, interesados, erróneos, absurdos en muchos casos, es sumamente peligroso porque han causado ya muchas víctimas y traumas innecesarias en Haití,

Esas consideraciones que aquí hemos hecho concernientes al restablecimiento del poder legítimo en Haití, son de los más saludables, a nuestro modo de ver.

Pero si el actual mandatario haitiano Michel Martelly, ha de seguir en el poder porque los que lo impusieron quieren que sea así a la fuerza y a la mala, ó mediante un acuerdo entre las partes, de cualquier manera, las consecuencias las pagarán el pueblo haitiano, la misma democracia haitiana y los que tienen intereses en Haití.

En una próxima entrega, nos detendremos a considerar otras vertientes de las prioridades actuales del presidente Michel Martelly mientras está en el poder.