Julio Aníbal Suarez y nuestra generación

Por Carlos Luis Baron domingo 29 de enero, 2012

Los criterios que pueda externar con relación a las virtudes cívicas, la dignidad, probidad, integridad y honestidad que adornan la persona del doctor Julio Aníbal Suárez, no son el resultado de mis afectos hacia él, ni por los vínculos que nos unen desde hace más de medio siglo, sino porque he sido testigo directo de su accionar, de su comportamiento en la vida pública del país, en su ejercicio como profesional del derecho, su preparación académica y su probidad como juez.

Me sentiría mal, muy mal, si poniéndose en entredicho la conducta de una persona buena, decente y limpia, conocida por mí, guardo silencio. No estoy formado para la indiferencia ante la lesión que se le hace a la conducta, al correcto proceder de un ser humano que, como Julio Aníbal Suárez, ha llevado una vida digna, de conducta y comportamiento público respetable. Así como censuramos a aquellos que con sus negativas actuaciones empañan su persona, y ofenden a su familia y al país, también debemos de salir en defensa de quienes, como Julio Aníbal, pueden servir de ejemplo a la presente y futura generación.

En todo el curso de nuestra vida no nos hemos movido por emociones, piezas de museo o conveniencias personales. La actitud de indignación nuestra ante el caso de Julio Aníbal Suérez, no es porque fuera excluido como juez de la actual Suprema Corte de Justicia, sino por los argumentos que se tomaron como motivación para su separación.

Constituye una ofensa a Julio Aníbal, a su vertical comportamiento como juez, y a los que conocemos su correcto proceder, aceptar tranquilamente, guardar silencio, ante semejante ataque a lo que ha sido una vida pública apegada a las causas justas y nobles de nuestro pueblo.

Caramba!, por indiferencia, frialdad, despreocupación, displicencia e insensibilidad no permitamos que el buen nombre, la buena fama, el mérito y la estimación pública obtenida a base del correcto proceder, pueda ser lanzada por el suelo como si no tuviera algún valor en el medio social. La sociedad debe saber establecer la diferencia entre los que aquí han hecho del accionar público una desvergüenza, y aquellos que, como Julio Aníbal Suárez, con sus actuaciones les dicen a la juventud lo que es un actuar diáfano, luminoso, cristalino y digno de imitar.

Si los que hemos tenido la dicha de hoy estar con vida, y ser testigos de los aportes que han hecho positivamente muchos de nuestros conciudadanos que también viven, y guardamos silencio ante una agresión a su conducta, no ser?íamos más que unos canallas, sinvergüenzas, no merecedores de formar parte de la gran legión de luchadores democráticos, que han dado sus vidas, o los mejores años de ellas, para construir aquí una sociedad de hombres y mujeres dignos y honrados.