La agresividad del Cefront se intensifica en la frontera haitiano-dominicana

Por martes 1 de abril, 2008

Las tensiones en la frontera haitiano-dominica han aumentado tras la llegada del Cuerpo Especializado de Seguridad Fronteriza (CESFRONT), el pasado año. Desde entonces los actos de corrupción, violencia y violación de los derechos humanos contra la dignidad de los haitianos son cotidianos.

CESFRONT es una Compañía militar desplegada desde 2007 a lo largo de la frontera norte-sur de República Dominicana. Fue creada con el objetivo, entre otros, de dar seguridad a la zona fronteriza dominicana contra los haitianos que pretenden migrar al otro lado de forma clandestina y con la ayuda de otros medios irregulares. Entre estos medios se puede citar el “servicio” de los buscones haitianos que, en contacto con sus homólogos dominicanos, les esperan al otro lado de la frontera, con el fin de dirigirlos hacia diferentes destinos.

Otra razón para situar ese cuerpo militar en la frontera con una nueva misión, fue el combatir la corrupción que gangrena una parte de la sociedad dominicana y que tiene que ver fuertemente con los funcionarios dominicanos y, especialmente, con los militares que estaban de servicio antes de la llegada del CESFRONT, algunos funcionarios civiles de migración y de la aduana. Pero desde su llegada a Dajabón, el CESFRONT no ha dejado de realizar actos arbitrarios que se denunciaron inmediatamente. Gracias a estas denuncias se redujeron determinadas irregularidades aunque, en realidad, las cosas no han cambiado.

Continúan las prácticas incorrectas: los haitianos son extorsionados por algunos militares del CESFRONT que con frecuencia reclaman o aceptan dinero para permitirles pasar a RD. Cometen también coacciones y graves violaciones a los derechos de los haitianos que frecuentan el mercado de Dajabón, de aquellos que pretenden encontrar trabajo en RD y aun de los estudiantes que pasan la frontera de forma regular.

Las coerciones cometidas pueden consistir desde la violencia psicológica (insultos, humillaciones), pasando por la violencia física (malos tratos corporales, golpes de fusil, cachetes,…), los abusos sexuales (manosear a las mujeres), e incluso los homicidios.

Después de la llegada del CESFRONT, los arrestos arbitrarios se multiplicaron en la frontera, los derechos de los haitianos fueron pisoteados. Un haitiano llegó a testificar haber sido duramente golpeado en la cabeza por un miembro de este cuerpo, por pretender evitar ser cacheado. Un buen número de pequeños comerciantes haitianos ha llegado a perder sus mercancías por habérselas quitado o tiradas al suelo.

El lunes, 24 de marzo, un simple conflicto sobre un asunto de corrupción entre un militar y un ciudadano haitiano, ha dado como resultado un muerto y un herido. Según nuestras informaciones, un pequeño comerciante estaba tratando de pasar a Haití con un recipiente de gasolina y fue obligado a pagar por el militar.

Sin embargo, otro haitiano que recibe habitualmente las “propinas” en nombre de los militares (que no desean destacarse directamente en un delito de corrupción) dijo que él era quien recibía el dinero a favor del militar. Éste, descontento porque aquél no había obedecido exactamente sus órdenes, desenvainó su arma y de ella se disparó una bala que hirió el brazo del haitiano e hirió mortalmente a una mujer encinta que recogía sus mercancías no lejos de allí, alcanzada en el vientre por el proyectil.

En la frontera, la vida humana no cuesta gran cosa. Todo puede llegar en cualquier momento, pues una parte de las autoridades dominicanas no tiene respeto por los haitianos. Este estado de hecho queda consagrado por las malas prácticas de agentes del CESFRONT. De ahí que se muestren intolerantes y dispuestos a golpear, e incluso a disparar, cuando se trata de apoderarse ilegalmente de dinero de ciudadanos haitianos.

Nos preguntamos si algunos miembros del CESFRONT gozan del temperamento adecuado para estas situaciones, porque no se supone de una persona razonable y de espíritu sano que sea capaz de dar una respuesta de esta gravedad, en relación a una situación de mínimo conflicto. Dicho de otra forma, existe una gran desproporción entre un acto irregular que pretende pasar con una cantidad pequeña de mercancía para sobrevivir y los disparos de fusil susceptibles de matar, tal como sucedió el pasado lunes.

Dado que a un militar no se le prepara sino para la defensa armada de su país, no es ilógico pensar que una de las causas que explican esta desproporción en la vigilancia de la frontera es el servirse de militares y de tropas especializadas para actos y situaciones que, en realidad, deberían ser controladas por el personal de Migración, debidamente protegido y/o por la policía de fronteras, siempre debidamente preparados para estas tareas. Se puede, ciertamente, defender una frontera, pero nadie tiene el derecho de disparar sobre un simple ciudadano no armado, sea cual sea su nacionalidad.

El viernes siguiente, segundo día de mercado semanal en Dajabón, todo transcurrió como de ordinario, como si nada hubiera sucedido, puesto que todavía no se ha dicho nada acerca de esta muerte. Y menos aún sobre la persona que la realizó. Tan sólo sabemos que “se ha abierto una investigación”…

La sociedad civil de Ouanaminthe y de Dajabón debería organizarse para decir NO a los procedimientos militares negativos y desproporcionados, NO a la corrupción de miembros del CESFRONT y de otros funcionarios y debiera asegurarse además que se hará justicia.

Solidarite Fwontalye / Service Jésuite aux Réfugiés et Migrants (SFW/SJRM), reclama que se lleve a cabo una rigurosa investigación acerca de las actuaciones de agentes del CESFRONT, a partir de su llegada hasta la fecha y muy especialmente sobre esta última muerte violenta, en la que una mujer en gestación, perdió la vida por una acción arbitraria y desproporcionada de un miembro del CESFRONT. SFW/SJRM estima que las humillaciones y sufrimientos que soportan los Haitianos en RD.

son consecuencia de las graves carencias del Estado haitiano en materia de relaciones binacionales, de política migratoria y de la falta de puesta en práctica de un proyecto de sociedad centrado, entre otras consideraciones, en el desarrollo sostenible, la educación, la salud y el trabajo, de manera que los haitianos que residen en su país puedan contribuir a su desarrollo, satisfechos de su forma de vida.

Esperamos que el Estado haitiano y el Estado dominicano, en colaboración con las organizaciones de la sociedad civil y los ciudadanos conscientes de los dos países vecinos, puedan trabajar juntos en vistas a la armonización de las relaciones binacionales y el desarrollo de ambos pueblos y sus habitantes.