La autocreída avant-garde jurídica cepepeísta

Por Carlos Luis Baron viernes 21 de diciembre, 2012

Tradicionalmente entre los abogados la cuestión de estar actualizados ha consistido en no perderle el paso a la actividad legiferante del Estado; estar actualizados al respecto les permitía presumir de eso, de estar actualizados. Pero con el Código Procesal Penal (CPP) el asunto va más allá de ese simple interés profesional: la cuestión del Código Procesal Penal desborda totalmente eso que era una mera pretensión de la actividad profesional de los abogados en ejercicio.

El CPP contiene un modelo procesal penal específico, lo que realmente está en juego con dicho modelo procesal penal específico es muy trascendente: lo que está en juego es la seguridad ciudadana de toda la sociedad dominicana (y de todas las sociedades iberoamericanas donde también está vigente).

Si se está o no de acuerdo con dicho código implica estar de acuerdo o no con que la delincuencia siga arrasando y destruyendo a la sociedad dominicana y a sus componentes.

Todos los que ejercemos en materia penal obligatoriamente tenemos que estudiar y manejar el CPP, es decir, tenemos obligatoriamente que estar actualizados, pero esto no es cuestión de simplemente estar actualizados o no: esto es una cuestión de consciencia de que ese modelo procesal penal específico que representa y es el CPP trae consecuencias negativas para la sociedad dominicana (y para las sociedades iberoamericanas).

Con el CPP a una amplísima porción de los abogados se les hizo creer (y esa amplísima porción así se lo autocreyó, y por eso dicha porción de abogados está alienada) que conocerlo es algo que les da un estatus que va más allá de estar simplemente actualizados, que conocerlo los hace poseedores de una especie de cultura jurídica amplísima del mismo modo que el tener una cultura aristotélica convertía en sólido intelectual al que dominaba diferentes ramas del saber humano; es decir, que, según éllos, conocer dicho código les da un estatus de “intelectual del Derecho“ y, más aún, de “teórico del Derecho“ porque ello “les ha permitido dar un brinco super gigantesco a la modernidad“ que en términos comparativos de viajes en el espacio les ha permitido viajar millares de millones de años luces “en el avance del Derecho“; que la Madraza de la Escuela Nacional de la Judicatura y que la Madraza del Ministerio Público son “Templos del conocimiento“ y que el libro del CPP es “un libro sagrado“.

Ridículamente se autotitulan “modernistas“, “modernos“, “avanzados“, “adelantados“ y “progresistas“ (todo lo cual los son tan sólo en la mente de éllos, pues viven en otra dimensión que no es precisamente la de la realidad).

Cuando yo escucho a alguno de éstos alienados así autotitularse o cuando los escucho pretendiendo “criticar“ a alguien que piensa diferente a éllos confluyen en mí dos actitudes encontradas: ganas de reir y, al mismo tiempo, pena por el encierro mental en que dichos alienados se encuentran y del cual no pueden salir debido a la ceguera crítica que causa el adoctrinamiento de que han sido objeto y del cual no pueden siquiera darse cuenta.

Aquéllos que dicen simpatizar o estar de acuerdo con el CPP creen que éllos son o forman parte de La Vanguardia, de la avant-garde jurídica del Procesalismo Penal “en la República Dominicana, en Iberoamérica y en todo el mundo“. Son unos autocreídos “illuminatis“, es decir, son“illuminatis“ en la mente de éllos.

En cuanto al término “progresistas“: los son de “un progreso hacia atrás“, no hacia adelante, pues el CPP crea barbarie y sumerge a la sociedad en La Barbarie. Se autoconsideran “progresistas“ sobre la base de “un progresismo“ y de “un progreso“ que sólo marcha en la dirección favorable al delincuente y, correlativamente, en dirección diametralmente opuesta a un real progreso de la sociedad y de cada uno de los individuos sanos que la componen. Con el Código Procesal Penal progresaron los delincuentes, no la sociedad ni los ciudadanos no delincuentes. Los delincuentes progresaron porque con el CPP se les ha facilitado: a) delinquir, recuperar su libertad, volver a delinquir. evadir el peso de la ley penal, obtener impunidad; y b) ascender en la movilidad social.

No es, pues, vanguardia de algo que signifique adelanto; por el contrario: es vanguardia retrograda, es decir, es vanguardia de hacer retroceder a la sociedad a estadios de desorden primitivos, salvajes y bárbaros que se creían ampliamente rebasados; en ese sentido el CPP hace oscilar a la sociedad esencialmente entre tres etapas: La Barbarie, El Far West (= El Lejano Oeste), el Chicago de Al Capone y la igualmente nada envidiable leyenda rutilante de Bonnie and Clyde. !Qué vanguardia! !Tremenda vanguardia!: si se trata de una “vanguardia“ que hace retroceder a la sociedad.

Como los abogados alienados por la concepción cepepeista consideran que están dentro “del modernismo“ hay que recordarles que dicha expresión implica remitirse a un concepto de periodización, que todo aquello que a lo largo de la Historia se ha autoconsiderado “modernista“ es substituído luego por un “postmodernismo“ que es la secuela obligatoria de las miserias del supuesto “modernismo“ antecedente.

Un código no es una camisa que puede colocarse para decir que se está en linea con la moda “de la modernidad“, para estar con el último grito de la fashion, para entregarse en brazos de un vacuo exhibicionismo, para pintarse “light“, para satisfacer un espíritu de vanidad (que realmente carece de sentido). Esto no es un desfile de moda para tras elegir esa camisa de esa moda pasar a convertir esa camisa en un uniforme debido al adoctrinamiento que luego les impide razonar críticamente.

Esos son falsos pujos de intelectualidad y de pura vanidad personal, carentes, por demás, de toda fundamentación razonable. Se dejan guiar por la apariencia y quedan atrapados en la prisión mental en que efectivamente han quedado atrapados. Por eso para éllos toda la existencia comienza y termina en el CPP. Como si la vigencia de este fuera un absoluto en el tiempo. Es el “ismo“ del CPP.

Como respecto de las vestimentas, en esto tampoco se puede tener una visión de apreciación similar a la que se tiene cuando se aprecia un vehículo para hablar de las líneas futuristas deslumbrantes del mismo y por ello decir estar al grito de la moda al respecto; ello es así porque las consecuencias de usarse el CPP trascienden los aspectos vehiculares de su exhibicionismo: lo que está en juego con el CPP son los efectos, las consecuencias que produce en el seno de la sociedad y en los numerosos componentes sanos de esta el que ese código esté vigente.

El CPP es un modelo procesal penal específico, es sólo eso: un modelo procesal penal específico y que no le pone fin a la evolución del procesalismo penal puesto que no es ningún Non Plus Ultra. Eso es lo que éllos no entienden ni pueden entender porque dicha doctrina juridica los programa mentalmente para impedirles razonar sobre ella.

El árbol de los supuestos “logros“ del CPP les impide ver el amplio bosque de las desinhibiciones y de los desenfrenos que dicho código ha producido para estimular a los delincuentes a delinquir y, consecuencialmente,también les impide ver que después de ese código entrar en vigor la delincuencia creció en forma brodinaguense y que sigue creciendo en proporciones galácticas de tal suerte que luce imparable a no ser que dicho código sea derogado y substituído por otro código que sí sea efectivo para combatir dicho grueso chorro delincuencial.

Los miembros de la autoconsiderada avant-garde jurídica del Procesalismo Penal en la República Dominicana lo que dan es penas y náuseas precisamente con motivo y ocasión de su periplo ad nauseam: en realidad son pálidos payasos de una aspiración a trascender.

Se trata de una supuesta “vanguardia“ que se asienta sobre un cajón lleno de putrefacciones y de mal olencias pestilentes derivadas esencialmente de sangre y robos. Su supuesta “luz“ de su supuesta “iluminación“ que los hace devenir supuestos “illuminatis“ no es alimentada con el combustible del guano de murciélagos ni con ningún otro tipo de combustible ordinario, sino con la sangre y los despojos de incontables víctimas. La supuesta “luz“ de éstos autocreidos “illuminatis“ es una supuesta “luz“ que recibe su alimentación de las miserias provenientes esencialmente de la sangre y de los bienes ajenos robados.

La imagen que dichos pobres infelices transmiten no puede ser más surrealista, el surrealismo es precisamente eso: imaginación combinada con irracionalidad: la imaginación de los doctrinarios del cepepeísmo los llevó a fabricar un mundo de enfoques, instituciones, dispositivos, aparatos, procedimientos, derechos, etcétera, todos los cuales, al chocar con la realidad, condujeron a un mundo irracional.

El “ismo“ del CPP… Aparecer de último en el tiempo no implica necesariamente que eso que así aparece sea bueno: el fascismo, el nazismo y el estalinismo aparecieron de último en el tiempo…Y respectivamente se pavonearon de representar “el futuro de la humanidad“, se ufanaron de ser “La Vanguardia del futuro de la humanidad“: igualito que el cepepeísmo.

El CPP será “moderno“ (¿?) por hasta ahora aparecer de último en el tiempo, pero no por otra cosa, pues sus efectos o resultados encajonan a la sociedad y a sus componentes en ser víctimas ultrafrecuentes de la delincuencia que acicatea. A fin de cuentas, realmente: ni son modernistas, ni son adelantados, ni son progresistas: son varguardia del desastre, de la destrucción y de la desolación de la sociedad; el Apocalipsis de Juan de Patmos también tiene su vanguardia: los cuatro jinetes del Apocalipsis: nada se asemeja tanto a la supuesta “vanguardia“ jurídica que dice ser el cepepeísmo.

Tal parecería que los preceptos normativos del CPP hubiesen sido adornados con el arte de Hans Holbein (El Joven) y de José Guadalupe Posada. Si Hans Holbein (El Joven) y José Guadalupe Posada hubiesen estado vivos los resultados macabros que produce el CPP los hubiesen puesto a dibujar abundantísimos retratos calabéricos que en volumen de cantidad hubiesen superado la producción conjunta y en tiempo y espacio dispares de ambos. Creo que es atinado que mientras el CPP siga vigente las ediciones que del mismo se hagan (sean oficiales, sean privadas) estén orladas por carabelas holbenianas y posadianas.

Inicialmente había un paquete tremendo de alienados pretendiendo “defender“ el CPP: dicho paquete ha ido disminuyendo con el tiempo porque muchos de éllos han sido víctimas primero de la delincuencia y luego víctimas de dicho código al ver lo difícil que es subir el palo encebado de la Acusación: ésos muchos han sufrido en carne propia los efectos de la indicada Máquina de Moler Carne Humana (= el CPP), a partir de ahí vino dicha variación de criterio de dichas a la postre también víctimas del CPP. Han tenido que ser víctimas para éllos comprender el desquiciamiento social que supone la vigencia del CPP: lo han comprendido después de sufrir en carne propia dicha vigencia del CPP.