La cara más expresiva del país: El tráfico vehicular y peatonal

Por Carlos Luis Baron viernes 13 de julio, 2012

Muchas cosas podrían servir de muestra para evaluar la cruda realidad dominicana; aquilatar y concluir sobre el escandaloso proceso degenerativo que se verifica, en que todo se puede, y nada se debe; donde el orden y el respeto han sido tirados por la borda sin reparo alguno; en el que la población en general se siente insegura y desamparada; pues, el peso de las autoridades es muy poco lo que se deja sentir.

Claro, hay evidencias persuasivas que se tornan cada vez más concluyentes; que facilitan la formación de juicios casi precisos y certeros, sobre lo que en verdad viene ocurriendo en esta politizada, descuidada y endeudada República, con nuncios de empeoramiento acelerado, difícil ya de enfrentar en el marco de la seudo democracia representativa en que se vive, cuyo mejor calificativo sería el de “libertinaje extremo”.

Ahora, se tiene una que, es la de mayor expresión territorial, que incluso induce a muchos a considerar la nación como una gran selva de cemento, que es el “excelente y bien organizado” tráfico vehicular y peatonal que se gastan los dominicanos, adornado con un montón de vehículos pequeños y guaguas destartalados por completo, que se desplazan temerariamente, sin ningún tipo de control por nuestras calles y avenidas, violentando todas las normativas legales vigentes de tránsito, y guiados por desaprensivos conductores, que se consideran intocables y protegidos por sus padrinos políticos, policiales y congresuales.

Pero, también se agrega al deleznable escenario, la masiva ocupación de los lugares públicos y las aceras peatonales, con los llamados negocios informales, talleres de mecánica, chatarras acumuladas, y materiales de construcción, impidiendo el paso de la gente de a pie, que tiene que lanzarse a las calles para poder transitar, poniendo en riesgo su vida.

Sobre esos particulares, denuncias y quejas van y vienen, sin que nadie haga caso; sin que se aprecie la más mínima intención de hacer algo, de introducir las medidas correctivas que ameritan esas situaciones tan deprimentes. El flujo vehicular temerario se aprecia por doquier; por diversas zonas se establecen rutas medalaganarias para el transporte público de pasajeros, sin reparo alguno

Por otra parte, los motoristas, sin conciencia en su mayoría, completan el escenario utilizando las escasas vías peatonales para desplazarse a toda velocidad, llevándose de encuentro a las personas, tratando de obviar los tapones de vehículos.

“Hermoso” y explícito panorama se observa en nuestras calles y avenidas, incluyendo lo que ocurre en los pasos a desnivel, que obviamente permiten inferir, o formarse una amplia idea, de cómo se debe andar en las demás cosas a nivel nacional.

Dice un refrán muy popular que, “para muestra basta un botón”; pero, el tráfico nuestro, tanto vehicular como peatonal, constituye un gran “botonazo”.

Un referente particular, digno de fílmicas edificativas, para convencimiento, si es que se necesita, lo es el kilómetro nueve de la autopista Duarte, escenario de todo un gran desorden en tal sentido, en el que se pueden observar a los agentes de la AMET sintiéndose impotentes frente a aquella avalancha de vehículos; por lo que aparentemente, sólo se limitan a pasearse entre los carros y guaguas públicas que en su mayoría transitan por el área, desmontando y recogiendo pasajeros. Pero, también hay que hablar del mercado de productos adjunto, para completar el cuadro. ¡Eso da más que pena y vergüenza!

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