La Casa Blanca pasa por un “annus horribilis”

Por domingo 23 de octubre, 2005

Washington, 23 oct (EFE).- La Casa Blanca no ve la luz al final del túnel y vive inmersa en problemas, que podrían agravarse esta semana si el fiscal que investiga la divulgación de la identidad de una espía presenta cargos contra altos funcionarios del Gobierno.

En enero, un presidente George W. Bush imparable tras un primer mandato en el que logró casi todo lo que se propuso, prometió usar el "capital político" ganado en su re-elección para conseguir sus objetivos políticos.

Pero este año se ha convertido en un virtual "annus horribilis" para su Gobierno, que ha visto cómo muchos republicanos de a pie se han unido al frente de los críticos que antes sólo estaba habitado por demócratas.

A su base política le ha disgustado una respuesta deficiente al desastre causado por el huracán "Katrina" a finales de agosto, así como la nominación por parte de Bush de su abogada personal, Harriet Miers, para el Tribunal Supremo.

Por si fuera poco, el principal asesor político del presidente, Karl Rove, a quien Bush llamó el "arquitecto" de su re-elección electoral, podría ser enjuiciado esta semana por el caso "Valerie Plame".

Ese es el nombre de la espía de la que Rove y Lewis "Scooter" Libby, el jefe de gabinete del vicepresidente, Dick Cheney, hablaron con periodistas en 2003, a pesar de que divulgar intencionadamente el nombre de un agente secreto es un delito en EEUU.

El objetivo de sus conversaciones parece haber sido desacreditar al marido de Plame, Joseph Wilson, quien refutó la acusación de Bush de que Sadam Husein había intentado comprar uranio en Níger para fabricar una bomba nuclear.

El jurado de investigación que analiza esta filtración se disolverá el viernes, por lo que el fiscal Patrick Fitzgerald tiene de plazo hasta ese día para presentar cargos contra Rove, Lewis u otras personas, aunque también podría posponer los trabajos del jurado.

Los expertos legales creen probable que el fiscal envíe a la Casa Blanca acusaciones de perjurio y obstrucción a la justicia, puesto que ha habido discrepancias en los testimonios ante el jurado, el cual también escuchó a los periodistas que recibieron la filtración.

Asimismo, Fitzgerald podría enjuiciar a funcionarios de la Casa Blanca por revelar información secreta o por participar en una conspiración.

"Creo que la gente se debería preparar para la existencia de cargos", dijo hoy el experto legal Abbe Lowell en la cadena de televisión "Fox News".

Lowell destacó que el hecho de que Fitzgerald haya abierto una página de internet para comunicarse con el público pocos días antes del fin del mandato del jurado no es una buena señal para los que en la Casa Blanca ahora deben de estar hechos un manojo de nervios.

El caso está además resucitando un tema que la administración de Bush se ha esforzado en hacer olvidar: sus numerosas declaraciones a la nación de que Husein tenía armas de destrucción masiva, cuando los informes de inteligencia no llegaban a esa conclusión.

"Esto no es tanto sobre Scooter Libby y Karl Rove. Es sobre el hecho de que el presidente no nos dijo la verdad cuando fuimos a Irak y estos tipos están metidos en eso", machacó hoy Howard Dean, el presidente del Comité Democrático Nacional, en una entrevista en la cadena televisiva "ABC".

La continuación de las bajas estadounidenses en Irak y la falta de una idea clara de cómo el país saldrá de allí le están pesando a Bush en las encuestas, que ahora indican que menos de un 40 por ciento del país aprueba su gestión, el menor nivel desde que llegó a la Casa Blanca en 2001.

Esta caída en desgracia contrasta con el vigor con el que comenzó su segundo mandato en enero, tras sus primeros cuatro años, en los que la Casa Blanca logró que el Congreso aprobase recortes de impuestos, más gasto militar y la invasión de Afganistán e Irak.

Pero con el fracaso de su propuesta para privatizar parcialmente el sistema de pensiones y la revuelta de una parte de los republicanos por los déficit presupuestarios récord, la administración de Bush se ha quedado sin una agenda de objetivos políticos a nivel nacional.

La nominación de Miers, una abogada sin experiencia en temas constitucionales pero amiga del presidente, parece haber sido la última gota que ha colmado el vaso para muchos conservadores.