La comunicación gubernamental y el apoyo social a las medidas del nuevo gobierno

Por Carlos Luis Baron lunes 16 de julio, 2012

La importancia de la comunicación política en la sociedad actual ha aumentado de manera sustantiva como consecuencia de una serie de cambios e innovaciones en la forma de hacer política. Entre otras transformaciones, el enorme poder que poseen los medios de comunicación en tanto escenario de la vida política actual ha obligado a los políticos y sus partidos a adaptarse a nuevas reglas. Como actores de la esfera pública, los gobiernos no están exentos de esta situación y, por eso, deben ocuparse de construir y sostener su comunicación para legitimar sus decisiones.

Esta tarea es posible mediante la búsqueda de acuerdos entre los distintos actores públicos que desemboquen en una aceptación generalizada de sus decisiones. Esta legitimación se apoya fuertemente en la comunicación gubernamental, entendida como un conjunto de estrategias y acciones comunicacionales desplegadas por un gobierno para construir un consenso de base a través del cual se colabore con la tarea de gobernar.

Existe una competencia constante en la arena política para imponer la propia interpretación de issue, y en ella no solo participan los actores políticos y sociales tradicionales, sino también lo hacen grupos de interés y los propios ciudadanos.

Dentro de este escenario las acciones comunicacionales del Presidente Danilo Medina no pueden dejarse libradas al azar sino que, por el contrario, deben ser objeto de una planificación y ejecución adecuadas. Sin esta planificación, la competencia entre las distintas interpretaciones sobre un tema podría caer en un error de su gobierno, y así, se pondría en peligro la legitimidad de sus decisiones políticas.

En consecuencia, a parir del próximo 16 de agosto la labor estratégica de la comunicación gubernamental debe pasar a ocupar un lugar fundamental en la batalla de interpretaciónes sobre los temas de la agenda pública.

Dada la volatilidad y desalineamiento característico del electorado dominicano, es evidente que será necesario continuar cortejando a los votantes a lo largo de la gestión para mantener un buen nivel de aprobación a las distintas acciones políticas que se vayan implementando.

El gabinete de comunicación debe propiciar una impregnación positiva en la población y proyectar la mejor imagen del Presidente y el Gobierno en general. Requiriendo de una campaña continua que logre cambiar la percepción de una gran parte de la población que ha visto defraudada en el tiempo su confianza por las desacertadas acciones de un pequeño grupo de malos políticos.

Esto que llamamos campaña permanente se volvió popular durante la presidencia de Ronald Reagan gracias al periodista Sindney Blumenthal, quien definió la noción como una combinación de construcción de imagen y cálculo estratégico que hace que la dinámica de las campañas formen parte de los gobiernos, transformándolos en un instrumento diseñado para mantener la popularidad de los representantes electos.

Luego de que un candidato ingresa a la presidencia se suceden varios cambios significativos, la gente se vuelve más pragmática en sus demandas y el público al que debe satisfacer es mucho más amplio que el original segmento de votantes.

El Presidente Danilo Medina no tiene que volver atractivas promesas de campaña sino programas o políticas concretas. No es que el líder tenga que ajustar sus propuestas a lo que sus electores esperan, sino por el contrario deben articular y proyectar una clara visión de corto y largo plazo de sus objetivos y convencer de que sus acciones beneficiarán a toda la población.

A medida que los electores participan de diferentes procesos eleccionarios obtienen la capacidad de discernir una pieza de información como propaganda, cuando ella se presenta de modo aislado o bajo forma de única campaña esporádica y separada en el tiempo.

Los votantes se encuentran en un estado de alerta psicológica y construyen barreras defensivas al ser concientes de que están tratando de persuadirlos. Por esa razón debe acordarse una agitación verás y sostenida, aun cuando el evento no despierte un interés especial, para aludir la necesidad de generar cierto clima, de ese modo, prevenir que se advierta una operación de propaganda en particular como algo diferente de los acontecimientos ordinarios.