La confesión religiosa de un fracaso del Estado

Por sábado 5 de abril, 2008

El Cardenal Nicolás De Jesús López Rodríguez, en las cercanías de la Semana Santa, pronunció una exhortación a todos los dominicanos a rezar para que Dios nos proteja a todos de la delincuencia. Esa exhortación del Cardenal dominicano es la más elevada proclamación de que el Código Procesal Penal fracasó en la República Dominicana.

Como tenía que ser, pues ¿en la mente de quién cabe colocar en el centro del escenario del Proceso el interés del imputado (privilegiándolo) como si se tratase de la filmación de una película en la que la figura protagonista lo es el interés del imputado?

Ese es el vicio capital de que adolece ese instrumento legal. La Justicia figuradamente es representada con una balanza. Al crearse el Código Procesal Penal esa balanza aparece inclinada hacia un lado: hacia el lado del interés del imputado.

El peso del Código Procesal Penal la tuerce forzadamente hacia ese lado. Los “ingeniosos” arquitectos de dicha normativa son los dioses hacia los cuales los delincuentes elevan sus plegarias en agradecimiento por las bondades recibidas y por recibir. A los delincuentes ya no les interesa ser cristianos: Yaveh o Jehová para ellos no existe.

Para ellos existe una constelación de dioses: son politeístas: adoran y dirigen sus rezos a los juristas que tuvieron que ver con la puesta en vigor del Código Procesal Penal. Los delincuentes han visto los milagros que les ha traído dicha pieza legal, y han creído… No se les puede exigir otra conducta…