La crisis financiera internacional

Por domingo 6 de abril, 2008

La crisis económica de Estados Unidos es, en esencia, una grave crisis financiera con inevitables repercusiones en el sistema económico real. Por las repercusiones que esta crisis financiera estadounidense está teniendo en el mundo ya se puede hablar de una crisis financiera internacional o mundial.

La crisis financiera se ha incubado, inicialmente, en el sector inmobiliario, con la implosión o explosión de las hipotecas de alto riesgo (instrumentos financieros basura), las cuales, por los altísimos riesgos que tienen, no pueden ser transadas o movidas hacia adelante para generar liquidez. Por su bajísimo nivel potencial de liquidez nadie las quiere comprar, por lo que las corporaciones financieras que llenaron sus portafolios de estos instrumentos financieros no las pueden vender, están, pues, imposibilitadas de venderlas. He ahí el tranque o trampa de la liquidez en que han caído estas corporaciones financieras en Estados Unidos.

Esto ha generado una crisis de liquidez y de confianza que se ha extendido a todos los intermediarios financieros de Estados Unidos y del mundo. Los grandes bancos de inversión y firmas corredoras de Estados Unidos están atrapados en esta gigantesca crisis de liquidez y de confianza, la cual se ha traducido en una contracción del crédito bancario y de la demanda agregada de bienes y servicios en la economía estadounidense.

Los gigantes de Wall Street han entrado en shock. Bear Stearns tuvo que vender, inicialmente, sus acciones a precio de vaca muerta a J.P. Morgan, cuya clasificación de riesgos también ha sido fuertemente estremecida por la crisis de liquidez y de confianza. Este caso no está cerrado aún, pues Bear Stearns le exige a J.P. Morgan que eleve su oferta de compra. La calificación de riesgos de otros gigantes como Goldman Sachs y Lehmann Brothers también ha sufrido un gran deterioro.

Y es que estos bancos de inversión de Estados Unidos se llenaron hasta la saciedad de hipotecas de alto riesgo en el momento del boom del mercado hipotecario o del mercado inmobiliario en sentido general. Hoy, muchas de esas corporaciones han entrado en pánico, y algunas se han ido a la quiebra, por la imposibilidad de convertir en liquidez o en activos sumamente líquidos las hipotecas de alto riesgo que tienen en sus portafolios y balances.

Hay que destacar que la Reserva Federal de Estados Unidos, que es su banco central, ha intervenido en la operación de rescate o de salvataje de Bear Stearns y de otros bancos de inversión proporcionando créditos. Es más, se dice que ha aupado la oferta de compra por parte de J.P. Morgan. En crisis finacieras tan profundas y severas como ésta, la Reserva Federal de Estados Unidos interviene para rescatar o para salvar a los bancos en peligro. Es diferente a lo que hizo el Banco Central de la República Dominicana que intervino en la crisis bancaria no para salvar sino para destruir a un banco privado, respondiendo más que a razones económicas, a razones politiqueras.

Los señores del apocalipsis económico dominicano deben abstenerse de hablar tantas boberías, tonterías, y disparates, pues, son dos roles, el de la Reserva Federal, allá, y el del Banco Central, aquí, diametralmente opuestos y contrapuestos. La crisis de conciencia los atormenta y los atolondra cada noche y cada día, y así han estado cabalgando el tenebroso camino del infierno.

Como consecuencia de la crisis de liquidez y de confianza, las operaciones de préstamos interbancarias se han visto paralizadas, debido a que ningún banco confía en los demás bancos como para cederles parte de su liquidez mediante estas operaciones crediticias interbancarias. Un banco no le presta a otro, primero, porque no se va a desprender de la poca liquidez que tiene, y, segundo, porque debido a la crisis de liquidez no tiene seguridad ni garantía de recuperar la liquidez prestada en el tiempo acordado, en otras palabras, no hay seguridad de convertir en liquidez el activo prestado en el momento deseado o indicado.

Ahora bien, los mismos bancos de inversión tienen sus acciones colocadas en las bolsas de valores del mundo. Como los portafolios de estos bancos de inversión están integrados, en un porcentaje muy alto, por hipotecas de alto riesgo, los inversionistas institucionales e individuales, repartidos en Estados Unidos y el mundo, que han colocado sus ahorros en estas acciones están atrapados. Pero al mismo tiempo nadie en el mundo se atreve a invertir en las acciones de estas grandes corporaciones financieras. Es esto lo que explica el estremecimiento de las bolsas de valores del mundo y la caída de los precios de estos instrumentos financieros de renta variable como son las acciones: los que las compran sólo ganan si hay dividendos, y solo hay dividendos si hay ganancias. Al deprimirse las bolsas de valores se han deprimido los precios de las acciones y con ellas se han ido al sótano las ganancias de la mayoría de estas corporaciones.

La crisis financiera que se ha originado en Estados Unidos se ha extendido al mundo porque las instituciones financieras y demás inversionistas institucionales de Europa, Asia, del Medio Oriente y América Latina tampoco pueden convertir en liquidez ahora las inversiones financieras que han hecho en Estados Unidos.

La contracción del crédito bancario y de la demanda agregada no ha podido ser vencida con las medidas fiscales –disminución y de devolución de impuestos pagados- y las medidas monetarias –reducción de las tasas de interés y aumentos de la emisión monetaria- que han tomado el gobierno federal y la Reserva Federal de Estados Unidos. Concomitantemente con la contracción del crédito, que ha provocado un incremento de las tasas de interés interbancarias, ha estado aumentando la tasa de inflación en Estados Unidos. Este debilitamiento de los signos vitales de la economía ha provocado una desaceleración y caída de crecimiento, y el cuadro macroeconómico descrito da cuenta de que la economía estadounidense se encamina hacia una recesión inevitable.

La crisis inflacionaria, los astronómicos déficits fiscal y en la cuenta corriente de la balanza de pagos dan cuenta de que la capacidad del dólar como moneda de reserva ha estado sufriendo un deterioro progresivo.

Si bien es cierto que en una economía desarrollada, donde la economía de mercado funciona casi a plenitud, la depreciación de la moneda le da ganancia de competitividad comercial en el corto plazo, no es menos cierto que esto debe tener un límite en razón de los efectos que se derivan de la depreciación cuando la economía del país de que se trate tiene una posición de principal importancia en la economía mundial que hace de su moneda una moneda de reserva.

Es importante aclarar que la competitividad de las economías desarrolladas, y en particular su competitividad comercial, depende de cambios permanentes en la productividad inducidos por las innovaciones tecnológicas y por el desarrollo científico-tecnológico. En lo fundamental y en lo estructural, la competitividad comercial no depende, en esos países, de variaciones en el tipo de cambio, entiéndase depreciación.

En efecto, la depreciación acelerada del dólar ha estado carcomiendo sus bases como moneda de reserva, de tal manera que los tenedores de riqueza en el mundo se están refugiando en el oro, en el petróleo y en otros productos como los granos, y no en el dólar, debido a que han perdido la confianza en el dólar como moneda de reserva.

Esto le plantea otro tremendo problema a Estados Unidos para poder garantizar la financiación del déficit en la balanza comercial y en la cuenta corriente de su balanza de pagos, calculado en miles de miles de millones de dólares, debido a la estrepitosa caída del dólar como moneda de reserva. Para financiar este déficit, Estados Unidos necesita que ingresen a su economía dos mil millones de dólares diarios, es decir setecientos treinta mil millones de dólares al año. Al no tener confianza en el dólar ni en el sistema financiero estadounidense, los inversionistas, lejos de invertir sus capitales en Estados Unidos, los han estado sacando.

En síntesis, la crisis económica y financiera de Estados Unidos se expresa en una crisis de confianza en el dólar como moneda de reserva. Ante esta aguda crisis del dólar, el euro ha estado aumentando su posicionamiento en el mundo como moneda de reserva.

Pero la guerra que mantiene Estados Unidos en Irak, en el marco de su mal llamada y encaminada estrategia de guerra preventiva, ha incidido notablemente en la activación de las fuerzas que han desencadenado la crisis financiera y económica estadounidense. Así, la enorme expansión del gasto militar, calculado en trillones de dólares, ha provocado un desequilibrio fiscal de proporciones colosales. A través de este déficit fiscal y del déficit en cuenta corriente, Estados Unidos, que está endeudado con el mundo, ha inundado de dólares el mundo, lo que ha influido en la depreciación del dólar y en el deterioro creciente de éste como moneda de reserva.

Bien, los riesgos están presentes siempre en la economía, de tal manera que son inherentes y connaturales a ella; pero están presentes con más fuerza en los mercados financieros, y más aún, en los mercados bursátiles. La labor de las firmas calificadoras de riesgos, las más famosas de las cuales están en Estados Unidos, es hacer estudios de calificación y de clasificación de riesgos que abarcan tanto a los emisores como a los instrumentos financieros. ¿Qué pasó con estos riesgos “ocultos” que ahora, a propósito de la crisis financiera, es que han salido a la luz?

Esta avasallante crisis financiera se está llevando por delante a algunas firmas gigantes, y los costos que implican los riesgos que no se calcularon tendrán que asumirlos no solamente los barridos, quebrados o derrotados por la crisis financiera, sino que el Estado estadounidense tendrá que asumir parte de los costos que implican estos riesgos y esta crisis. Se habla ya de que las corporaciones hipotecarias semiestatales, firmas gigantes también, tendrán que atemperar o reducir sus requisitos de capital para que adquieran gran parte de las hipotecas de alto riesgo que tienen los bancos de inversión.

Pero en Estados Unidos, el Estado, a diferencia de lo que pasó en la República Dominicana, es parte de la actual crisis que sacude la economía de esa poderosa nación.