La cultura de la destrucción y el dolor

Por Carlos Luis Baron miércoles 19 de diciembre, 2012

“Lo importante aquí es: Una persona puede hacer una diferencia”

Timothy McVeigh

Mató 200 personas en edificio federal de Oklahoma City.

Una nueva matanza ha ocurrido en los Estados Unidos, esta vez con ribetes más dramáticos porque fueron asesinados 20 niños de menos de ocho años. Las características son similares a las de Arkansas, Columbine y Virginia Tech, entre otras cuyo verdugo es un joven de carácter marginal con acceso a las armas de su preferencia. Por esto las autoridades y sectores de opinión han apuntado a la National Rifle Association y a la enmienda que sostiene la facilidad para obtener armamentos.

Esta última solo se compara con la matanza de niños por parte de los nacionalistas chechenos contra una escuela rusa. Pero estos tienen una guerra de secesión contra el estado que ellos consideran su opresor. En los casos estadounidenses solo predomina un sentimiento de odio y rechazo individual a quien sabe qué aspectos de la vida ordinaria del pueblo americano.

Lo que me resulta muy extraño es que no se hayan puesto en tela de juicio los juegos de video de guerra y destrucción que suelen aislar a estos potenciales monstruos, con muy baja autoestima e incapacidad de adaptación a las normas básicas de amor y respeto por el prójimo y su dolor. Recuerdo perfectamente que cuando vi el documental de Michael Moore Bowling for Columbine, me quedo la sensación de seguirían ocurriendo. Pero se deben considerar diversos orígenes además del fácil acceso a las armas.

Sé que se ha ido intensificando la práctica de no poner en manos de los niños juguetes de guerra, pero al parecer los videos juegos, que matan y apagan la sensibilidad y el respeto al dolor del prójimo, no ha sido considerado en su justa dimensión. Es evidente también que los Estados Unidos deben revisar su propia historia de fuerza y guerra contra todo el que se oponga. Crea la idea de que este mecanismo de destrucción es válido en la medida en que hace daño y nadie puede hacer nada al respecto.

La cultura mediática norteamericana es absolutamente ambigua y permisiva, pero a la misma vez irresponsable y creadora de víctimas, de miedos y superficialidades que antes que construir una personalidad cultural contundente deja abierta la posibilidad de llevar cualquier ego hacia territorios de auto engrandecimiento, poniendo lo peor de por medio. La eliminación física en la cultura americana es poder.

Esa grandeza de muñequitos, que mi generación palpo a través de las series televisivas del oeste fue capaz de hacer de grandes criminales leyendas y modelos. Échenle una mirada a Jesse James (atracador y asesino) y a Billy the Kid, y a las gesta del oeste que abonaron la geografía con sangre de las naciones nativas americanas. La historia no es pasiva, nos conecta con referentes que pueden llenar el orgullo de falsas.

Me parece que Bill Clinton quiso enviar un mensaje de reflexión cuando en sus mandatos pidió perdón a los afroamericanos, nativos americanos y japoneses americanos por la violencia que el estado desato contra ellos. Sin embargo, vino George W. Bush y abrió una era con mensajes totalmente opuestos. La era volvió a glorificar la guerra y el uso de armamentos.

Email: titopereyra@gmail.com