La decisión del rector uasdiano: Llamar a la Policía Nacional

Por Carlos Luis Baron lunes 23 de julio, 2012

Dice un refrán muy popular que, “nada es bueno, ni malo, sino que todo depende del color del cristal con que se miren las cosas”.

Ese, se puede considerar contentivo de una gran verdad, casi irrefutable por completo.

Evidentemente, subyace bajo el mismo, un real o valedero sentido, equivalente al concepto de relatividad inherente a todo. A la génesis condicionada, como dirían algunos orientales muy entendidos en asuntos esotéricos, de carácter enteramente budista.

Su aplicación viene como anillo al dedo, respecto de los últimos incidentes acaecidos en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), como consecuencia de los cuales se produjo una incursión policial masiva en el campus de la misma, para poder aplacar a los revoltosos, o insurrectos, violentándose por supuesto, el fuero universitario.

 Era algo que  no ocurría desde hace bastante tiempo, aunque en esta ocasión lo fuera a instancia de sus propias autoridades superiores, que al parecer se sintieron amenazadas y acorraladas ante la situación de protesta que se verificaba.  Previendo además, la ocurrencia de mayores daños significativos a las propiedades de la institución académica estatal.

Y, no hay porque dudarlo, si uno se detiene a observar los reportes fotográficos que recogen todos los medios periodísticos locales, con verdaderas escenas escalofriantes; amén de interpretar también, las diversas narraciones incluidas, de parte de algunas personas que estuvieron presentes en el escenario de los hechos.

Por tales razones, se podría concluir con facilidad, analizando desde el exterior, los lamentables acontecimientos uasdianos verificados en la semana próximo pasada, que la decisión adoptada por el señor rector, en cuanto a solicitar el concurso de la Policía Nacional para poder enfrentar la problemática presentada, en la que pudieron haber estado en peligro las vidas de algunos funcionarios y empleados de la entidad, incluyendo la suya misma; como además, la salvaguarda también de algunas de sus importantes instalaciones físicas, estuvo en el marco de lo  correcto; amén de estar autorizado a hacerlo, de acuerdo con el estatuto orgánico de la institución, según él mismo expresara.  

Preciso es destacar que, todo el que interactúa a lo interno de la UASD, llámese profesor, estudiante o empleado, sabe de sobra, que ese tipo de situaciones con aprovechadas por gente extraña a la misma, para emprender acciones vandálicas de todo tipo, tintadas incluso con ribetes políticos partidaristas, revanchismos, aunque reciban el apoyo  indiscutible de algunos alumnos desaprensivos, allí inscritos sólo para politiquear, más que otra cosa.

No obstante, ahora vendrán de seguro las opiniones a favor y en contra de las autoridades superiores uasdianas, incluida la decisión de recurrir a las fuerzas policiales, para poder controlar los actos de vandalismo acaecidos dentro de campus, y las oficinas mismas de la rectoría; como, sobre todas las demás disposiciones precedentes, emanadas del Consejo Universitario, que se encuentran en la base de las protestas.

Dadas las norma democráticas que rigen en la UASD, probablemente excesivas, los movimientos y actitudes contestatarios muy de ordinario se estilan allí, ante cualquier decisión de las autoridades, que los profesores, empleados o estudiantes consideren no les son convenientes.

Claro, de protestar de manera civilizada, a pasar a esos extremos, con la utilización de armas de fuego; el incendiado y destrucción de vehículos propiedad de la institución; asaltos a las oficinas internas, y amenazas a personas, como se escribieron en algunos lugares del entorno; al igual que, roturas de puertas de acceso y cristales, entre otras cosas, sí que resulta poco usual en esos predios.

Es por ello que, para poder formarse una opinión acabada en gran medida, sobre la actitud de defensoría asumida por el señor rector, en relación con el llamado de auxilio a la Policía Nacional, hay que despojarse primero del partidarismo político, y grupal interno; como, ponderarla en el contexto estrictamente académico-institucional, y hasta de seguridad personal, en lo que respecta a él mismo, y  al equipo acompañante a la sazón.

A veces, hay que saber situarse en la acera del frente, para evaluar objetivamente ciertas determinaciones circunstanciales. ¡No es hacerlo a priori!, para evitar errar.

Por el lado de los estudiantes, y con relación a los hechos, éstos podrán tener o no razón, respecto de los aumentos dispuestos. Pero, no es la forma más apropiada de hacer sus reclamos, en el entendido  de que se sientan muy afectados con esas últimas medidas de corte económico. ¡No!

Y es que, su condición de futuros profesionales, no debe permitirle, ¡a ninguno de ellos!, el actuar de esa manera, que de irracional podría calificarse. Además, en el caso específico del alza de dinero en el precio de los créditos de las asignaturas, deberían ponderar sosegadamente su cuantía para fines de comparación, en términos relativos.

Sus protestas tienen que estar dirigidas más bien, sería lo lógico y prudente, hacia el aspecto de la generalización que envuelve esa disposición particular, en el entendido  de que no todos pueden hacerlo; como, en cuanto a la equidad que también debe primar en relación con los otros pagos decretados.

La mejor forma de lograr algún tipo de modificación, a lo ya aprobado por el Consejo Universitario uasdiano, y resolver el gran conflicto planteado, sería el dialogo civilizado entre las partes. ¡Creemos que, las autoridades entenderían los reclamos que se eleven, pero así canalizados!

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