La democracia que surgió en 1996 es el resultado de la evolución social y política de la crisis electoral de 1990?

Por Carlos Luis Baron jueves 26 de julio, 2012

Algunos representantes de los partidos políticos y de la ‘sociedad civil" fundamentan su identidad en afirmaciones negativas. Por ejemplo, ¿Quién en 1996 se hubiera atrevido a predecir la derrota electoral de José Francisco Peña Gómez? Balaguer, resentido por el re­corte a su mandato presidencial en 1994 nunca tuvo re­paros en elegir a su sucesor emocional, Leonel Fernán­dez Reyna (1996-2000). República Dominicana ha ele­gido presidentes a hombres en los que creían poder confiar, por el hecho de que nunca antes habían oído hablar de ellos.

Desde principios de los setenta sólo un sistema electoral poco representativo ha impedido en diversas ocasiones la emergencia de un tercer partido de masas (PLD, segunda vuelta), cuando los liberales, solos o en la coalición (PRSC- PLD), o tras la fusión con una escisión de socialdemócratas (PRD) moderados obtuvieron casi tanto o incluso más apoyo electoral que el que lograron individualmente uno del otro en los dos grandes partidos. (Jacinto Peynado).

Desde princi­pios de los años treinta, durante períodos de depresión, no se había visto nada semejante al colapso del apoyo electoral que experimentaron a finales de los ochenta y principios de los noventa, partidos consolidados y con gran experiencia de gobierno, como el Partido Refor­mista (1978) y el Partido Revolucionario Dominicano (1986). El Partido de la Liberación experimenta importantes movilizaciones democráticas internas. En resumen, durante las décadas de crisis las estructuras políticas de los países capitalistas democráticos, hasta enton­ces estables, empezaron a desmoronarse. Y las nue­vas fuerzas políticas que mostraron un mayor po­tencial de crecimiento eran las que combinaban una hegemonía populista con fuertes liderazgos personales y la hostilidad hacia la "socie­dad civil".

(PRD). Los supervivientes de la era de entreguerras tenían razones para sentirse descorazonados. (Agripino Núñez Collado). Fue alrededor de 1970 cuando empezó a producirse una crisis similar, desapercibida al principio, que comenzó a minar las libertades públicas y produjo un submundo de planificación de la economía centralizada. Esta crisis resultó primero encubierta y posteriormente acentuada, por la inflexibilidad de sus sistemas políticos. De modo que el cambio, cuando se produjo, resultó repentino como su­cedió en Santo Domingo tras la muer­te de José Francisco Peña Gómez.

Desde el punto de vista económico estaba claro desde mediados de la década de los sesenta que el so­cialismo de planificación centralizada necesitaba refor­mas urgentes (14 de junio). Y a partir de 1970 se eviden­ciaron graves síntomas de auténtica regresión.

Este fue el preciso momento en que nuestra econo­mía se vio expuesta (como todas las demás, aunque quizá no en la misma medida) a los movimientos in­controlables y a las impredecibles fluctuaciones de la economía mundial transnacional. La entrada masiva de la Unión Soviética en el mercado internacional de ce­reales y el impacto de las crisis petrolíferas de los seten­ta representaron el fin del campo socialista como una economía regional autónoma, protegida de los capri­chos de la economía mundial. Curiosamente, el este y el oeste estaban unidos no sólo por la economía trans­nacional – que ninguno de ellos podía controlar – sino también por la extraña interdependencia del sistema de poder de la guerra fría. (URSS-EUA). Este sistema estabilizó a las superpotencias y a sus áreas de influen­cia, pero había de sumir a ambas en el desorden en el momento en que se desmoronase. (Augusto Pinochet). No se trataba de un desorden meramente político, sino también económico. Con el súbito derrumbe del sistema político soviético, se hundieron también la di­visión interregional y las redes de dependencia mutua desarrolladas en la esfera soviética, obligando a los paí­ses y regiones ligados a estas a enfrentarse individual­mente a un mercado mundial para el cual no estaban preparados. Tampoco occidente lo estaba para integrar las cenizas del antiguo sistema mundial paralelo co­munista en su propio mercado mundial, como no pu­do hacerlo – aún quemándolo – la comunidad europea. Cuba, un país que experimentó uno de los éxitos eco­nómicos más espectaculares del Caribe de pos gue­rra, se hundió en una gran depresión debido al de­rrumbamiento de la economía. Alemania, la súper po­tencia de Europa, tuvo que imponer tremendas restric­ciones a su economía y a la de Europa en su conjunto porque su gobierno había subestimado la dificultad del costo de la absorción de una parte relativamente pequeña de la economía socialista.

En este intervalo, en República Dominicana lo im­pensable resultó pensable y los problemas invisibles se hicieron visibles. Nuestras inconse­cuencias nos llevaron a la quiebra, aun cuando algunos "pensadores" esperaron que casi nadie se diera cuenta. (Peña Gómez). Así, en los años ochenta la defensa del medio ambiente se convirtió en uno de los temas de campaña política más importante, bien se tratase de los bosques y ríos o de la conservación del lago Enriquillo. Dadas las restricciones del debate político, no pode­mos seguir con exactitud el desarrollo del pensamien­to crítico en nuestra sociedad, pero ya al final de los años ochenta, economistas de primera línea, antiguos herederos del status quo neoliberal, publicaron análisis muy ne­gativos sobre el sistema social, que fueron conocidos a mediados de los noventa y se habían estado gestando desde hada tiempo entre los académicos ultra conservadores de la UCMM de Agripino Núñez y de muchos otros lugares. (Andy Dauhajre).

Es difícil determinar el momento exacto en el que los dirigentes comunistas abandonaron su fe en el socialismo ya que después de 1989-1991 tenían ‘intereses en anticipar retrospectivamente su conversión. (Fuerza de Revolución).

Si esto es cierto en el terreno económico, aún lo es más en el político, como demostraría la Perestroika de Gorbachov. Con toda su admiración histórica y su ad­hesión a Lenin, caben pocas dudas de que muchos co­munistas hubiesen querido abandonar gran parte de la herencia política del leninismo, aunque pocos de ellos ejercieron un gran atractivo para los reformistas revolucionarios y pocos estaban dispuestos a admitirlo. (Carlos Dore). Lo que muchos reformistas de pensa­miento socialista hubiesen querido era transformar el comunismo en algo pareado a la social demócrata occidental. (José Israel Cuello).

Y todavía fue peor que el desplome del comunismo fuese indeseable e impracticable un programa de transformación gradual y que esto sucediese durante el breve intervalo en que el occidente capitalista triun­faba el radicalismo rampante de los ideólogos del ultra liberalismo. Este proporcionó, por ello, la inspiración teórica a los regímenes poscomunistas, aunque en la práctica mostró ser tan irrealizable en Santo Domingo como en cualquier otro lugar. Sin embar­go, aunque en muchos aspectos las crisis domini­canas discurriesen por caminos paralelos en los diferentes estratos sociales, y que estuviesen vin­culadas en una sola crisis global – tanto por la po­lítica como por la economía – divergen en dos puntos fundamentales. Para los comunistas dominicanos, al menos en la esfera soviética, que era inflexible e inferior, se trataba de una cuestión de vida o muerte a la cual no sobrevivió. (PCD). En la Re­pública Dominicana capitalista y desa­rrollada nunca estuvo en juego la supervivencia del sistema económico y pese a la erosión de sus sistemas políticos, tam­poco lo estaba la viabilidad de éstos. Ello podría explicar, sin justificación, la poco convincente afirmación de un autor do­minicano según el cual con el fin del co­munismo la historia de la humanidad sería en lo adelante la historia de la democracia liberal. Sólo en un aspecto crucial estaban estos sistemas en peligro: su fu­tura existencia individual ya no estaba garantizada. Pe­se a todo, a principios de los noventa, ni un solo de los comunistas criollos de secesión se había integrado en bloque. Durante la era de las catástrofes, el final del ca­pitalismo había parecido próximo. Cuando nuestra gran depresión (1978-1989) podía describirse pocos autores socialdemócratas tenían ahora una visión apocalíptica sobre el futuro in­mediato del capitalismo desarrollado. (Frank Moya Pons), aunque un historiador y marchante como Manuel Nunez predijese ro­tundamente el fin de la nación dominicana, que había hecho avanzar en el pasado al resto del mundo capita­lista local, y que era ya, – en el Siglo 21 – una fuerza agotada. Considera por tan­to que nuestra depresión actual, "se prolongaría hasta bien entrado el futuro".