La diáspora haitiana: Generaciones de trabajo e intercambio cultural en República Dominicana

Por Carlos Luis Baron viernes 13 de julio, 2012

La migración pacífica de ciudadanos haitianos que entran en República Dominicana ha constituido a lo largo de los años una valiosa fuente de riqueza en diferentes ámbitos de la actividad socioeconómica del país. Como naciones hermanadas que comparten una misma isla, República Dominicana y Haití deben visualizarse como las dos alas de una única ave que persigue un destino común: el desarrollo y el progreso de ambos pueblos, así como la fortaleza de la isla como territorio binacional.

Para lograr este importante reto, que ha sido asumido con profundo compromiso por los actuales Gobiernos de las dos naciones, República Dominicana cuenta con el esfuerzo incansable de la mano de obra haitiana, que históricamente ha contribuido al desarrollo de sectores clave para el país, como el agrícola, el de la construcción o el turístico, además de aportar un gran valor en el ámbito del arte y la cultura.

La perseverante fuerza de trabajo haitiana ha cultivado la tierra dominicana desde hace más de un siglo, fundamentalmente en las plantaciones de arroz, de azúcar, de café y de tabaco, convirtiéndose en un soporte indispensable para el crecimiento agrícola dominicano, a pesar de que las condiciones en que estos trabajadores desempeñan su labor, como la de los braceros que cortan caña en las áreas de los bateyes, son precarias y extremadamente duras.

El sector de la construcción es el que registra la mayor participación de empleados haitianos en República Dominicana, ya que desde los años 80 en adelante, miles de ciudadanos haitianos han intervenido en el desarrollo de infraestructuras dominicanas, tanto públicas como privadas, siendo una expresión general de muchos contratistas la afirmación de que sin estos trabajadores no podrían realizar adecuadamente sus obras.

En cuanto al sector turístico dominicano es otro de los espacios en los que la comunidad haitiana tiene una amplia participación. Su capacidad para adaptarse a diferentes entornos y su espíritu de trabajo es demandado por una gran parte de la oferta de ocio y turismo en las diferentes regiones del país. Se trata de otro de los ámbitos que los empleados haitianos desempeñan con tesón y esfuerzo, al tiempo que permite que la diáspora se integre cada vez más a la sociedad dominicana, aportando, más allá de su trabajo, numerosas expresiones de tradición y cultura haitiana.

La incidencia de la diáspora haitiana en el ámbito doméstico también ha crecido significativamente, siendo cada vez más demandada la contratación de mano de obra haitiana para los servicios de empleadas de hogar, serenos, jardineros, etc.

En otro orden, la incidencia de la comunidad haitiana también se ha hecho sentir en el ámbito estudiantil. En la actualidad, además de los estudiantes de nivel básico de educación, las universidades dominicanas están siendo centros de estudios para miles de estudiantes haitianos. Los gastos realizados por estos alumnos en matrículas, alojamiento, alimentación, etc. contribuyen en gran medida al dinamismo económico y social de República Dominicana.

Asimismo, el intercambio sociocultural que se viene produciendo entre los dos países, ha puesto de manifiesto la extensa tradición pictórica-artística haitiana, que contribuye, no sólo a conservar la memoria y la identidad creole, sino a compartir sus tradiciones y cultura con República Dominicana.

La música, la gastronomía, la artesanía, y en definitiva, el conjunto de las tradiciones haitianas brindan un espectro de emociones y aprendizajes únicos que queremos compartir con República Dominicana en un escenario de intercambio y reciprocidad.

La historia ha demostrado que la diáspora haitiana es una parte fundamental de la fuerza laboral y productiva en República Dominicana, ya que incide directamente en su desarrollo urbanístico, turístico y económico. Al mismo tiempo, mediante el envío de remesas de la diáspora a sus ciudades de origen, se contribuye a impulsar ala economía haitiana. Este esfuerzo por el crecimiento mutuo debe seguir desarrollándose con confianza y con el convencimiento de que juntas, ambas naciones alcanzarán mayor bienestar si trabajan de la mano visualizando siempre los objetivos comunes.

El autor es embajador de Haití en República Dominicana