La división del PRD una enfermedad vieja

Por Carlos Luis Baron martes 29 de mayo, 2012

En el ano 1973 el Presidente del PRD de entonces el Profesor Juan Bosch y su Secretario General el Dr. José Francisco Pena Gómez, lideraban dos corrientes de pensamiento político encontradas lo que provocó que primero renunciara el Secretario General y más tarde los miembros de la Comisión Permanente; junto a Juan Bosch decidieron crear una organización nueva, llamada Partido de la Liberación Dominicana (PLD), dejando a su suerte este organización controlada ahora por su Secretario General.

El Comité Ejecutivo que tenia el PRD hasta la renuncia del Prof. Bosch había sido escogido casi en su totalidad cuando este se encontraba en el exilio, es decir respondía casi totalmente al Dr. Pena Gómez.

En 1974 ante esta división profunda, el PRD decide no participar en las elecciones dejando el camino libre a la continua reelección del Dr. Joaquín Balaguer, aunque los argumentos fueron de persecución política.

El Dr. Peña Gómez termino controlando al PRD pero alejo a este partido del poder hasta 1978.

El PRD finalmente llega al poder en 1978, repitiendo en 1982 con el Dr. Salvador Jorge Blanco, hombre astuto que pudo agenciarse un segmento importante de los votos reformistas con la llamada avanzada electoral.

Cuando el 1984 el Gobierno de Jorge Blanco sufre una poblada por las medidas aplicadas al país por el FMI, la dirección de su partido le negó el tan importante apoyo que necesitaba, en ese momento la lucha de tendencias era la principal tarea de las altas instancias de este partido ante que la defensa de su gobierno.

En 1986 con más de 200,000 votos observados la JCE declaró al Dr. Joaquín Balaguer ganador con una diferencia de votos de menos de un 1%, sorprendentemente el Dr. Pena Gómez admitió el triunfo del líder reformista.

Para las elecciones de 1990, la división ya era tan evidente que un ano antes de las mismas, el Dr. Pena Gómez por su lado funda El Bloque Institucional Social Demócrata (BIS) y el Lic. Jacobo Majluta el Partido Revolucionario Independiente (PRI), en esa convención interna del PRD se produjo el llamado Concordazo, esta actividad degeneró en un enfrentamiento armado en un famoso hotel del capital; pocos meses después la JCE le dio el control del PRD a Pena Gómez, teniendo el Lic. Majluta que ser candidato por el PRI, una vez más se divide el PRD y se aleja su triunfo, el PRI alcanzo una votación de más de 135,000 votos.

Recientemente en el 2010, ante los alegatos de fraude en las elecciones Congresuales y Municipales, el Ing Hipólito Mejía en una comunicación al pleno de la JCE reconoció esos resultados desacatando la línea partidaria de revisión de los resultados de la misma.

Luego de recordar estos hechos de la historia del PRD quizás resulte más fácil entender por lo que atraviesa hoy día esta organización, el partido que sigue contando con el apoyo más contundente de las grandes mayorías del pueblo dominicano, pero enfermo a muerte con el mal incurable de la división partidaria.

El PRD debe rediseñarse, cosa bien cuesta arriba toda vez que los jóvenes que hoy deben realizar estos cambios son los hijos y nietos de esos “Viejos Robles” del PRD causantes de las permanentes divisiones.

El PRD debe plantearse a mediano plazo, la reconquista de los centros urbanos, también deben hacerse reformas profundas de sus estatutos internos para entre otras cosas, establecer la no reelección de las autoridades partidarias en caso de producirse derrotas electorales como se hace en las organizaciones políticas europeas, además seria interesante limitar su comisión política a una membresía que contenga solo sus autoridades electas, los técnicos y figuras notables.

En fin se cura al paciente o se resigna la familia perredeísta a la contemplación de un cadáver electoral proceso tras proceso.

En las manos de las nuevas generaciones esta el reto de romper con ese nefasto fantasma de la división interna del más grande partido de la República Dominica, la culpa de la derrota obligada es del Ex-Presidente Mejía, El Ing. Vargas Maldonado quien tiene el control mayoritario de las estructuras actuales del PRD debe entender estas cosas, su rol debe ser de pacificador, pero antes es legitima su defensa ante tan feroces ataques.

La resta aritmética nunca será sumatoria y menos en política, la serenidad para enfrentar los nuevos desafíos, la integración para logra la fuerza, la reglas claras y coherentes para evitar la ya mencionada enfermedad de la división partidaria, esto es lo que se merecen las masas perredeístas que sufren cuando ven a sus lideres devorarse entre si antes que luchar unidos por ellos.