La educación y la pobreza

Por Carlos Luis Baron miércoles 13 de junio, 2012

"En un país bien gobernado debe inspirar vergüenza la pobreza. En un país mal gobernado debe inspirar vergüenza la riqueza." Confucio (h. 551-h. 479 a.c.), filósofo chino.

En una sociedad justa, como debe ser la nuestra, bajo un gobierno justo que cumpla con los mandatos constitucionales de suministrar educación, salud y viviendas adecuadas a todos los ciudadanos, la educación debe ser de primera calidad y garantizada de una forma permanente y gratuita a todos los niveles.

No es justo que, debido a las pocas garantías que ofrece el Estado, las masas más empobrecidas tengan que destinar un alto porcentaje de los pocos recursos financieros que perciben para pagar en escuelitas particulares, colegios y universidades privadas la educación que sus hijos deben recibir; en detrimento de la cobertura de otras numerosas necesidades básicas, incluyendo la propia alimentación de los hijos.

Nosotros estamos de acuerdo en que la pobreza se combate con la inversión adecuada, por parte del Estado, de recursos financieros que garanticen una educación calificada y permanente a los mas necesitados. Pero para esto hay que reclutar maestros capacitados con salarios justos y actualizados para conjuntamente con el combate a la pobreza se garantice el desarrollo y progreso general y permanente de la nación.

Pero, de igual forma, aunque entremos en contradicción con los intelectuales que afirman que la pobreza solo se combate con la educación, insistimos que también hay que garantizar una salud pública que en forma gratuita cubra a todos aquellos ciudadanos que no cuenten con seguros médicos privados, ya que muchos empleadores no los suministran, y nuestro porcentaje de desempleados es muy elevado.

El Estado dominicano no está garantizando los servicios médicos adecuados para los más necesitados, a pesar de que supuestamente invierte amplios recursos del Presupuesto Nacional en la salud pública de la población empobrecida.

Estos recursos se esfuman en gastos que nadie los percibe, ya que en nuestros hospitales, aparte de los mal remunerados médicos y enfermeras, nunca hay materiales ni medicinas para curar a alguien ni siquiera de un mareo.

No es con tarjetas, ni subsidios, ni con otros programas que casi siempre mayormente benefician a los menos necesitados o a los encargados de ejecutarlos que se combatirá la pobreza.

Es necesaria una adecuada inversión en gastos sociales que suministren no sólo educación, sino también salud y vivienda de calidad a los más necesitados. Sólo así estos mejorarían sus niveles de alimentación, esparcimiento y transporte, y hasta se sentirían incentivados al ahorro, para en un futuro disponer de recursos monetarios con qué adquirir sus propias viviendas.

Es con la garantía de educación y salud públicas gratuitas y adecuadas; y con trabajos bién remunerados que se lucha contra la pobreza. Entonces vendrán el desarrollo y el progreso que tanto hemos esperado.