La guerra mediática

Por Carlos Luis Baron miércoles 27 de junio, 2012

Nadie sabrá jamás hasta dónde las pasadas elecciones se ganaron o se perdieron al fragor de una guerra mediática de dos bandos periodísticos: uno identificado con el presidente Leonel Fernández Reyna y el PLD; y el otro, identificado con Hipólito Mejía y el PRD. Ambos bandos se midieron en un duelo de inteligencia, manejo de la comunicación y dominio de los entretejes de la política y los poderes fácticos. De más esta decir que el cuarteto CM-VA-AC-SH, se llevó de cuajo al bando contrario: JB-TH-Colo-Andrés, y de ñapa al guerrillero extraviado (¿?).

Fue a todas luces, una guerra política-electoral paralela, en procura de contrarrestar la embestida mediática-electoral de una batería que tenía consigo y a su favor: un monopolio periodístico, un segmento del empresariado, un desgaste natural del gobierno, al principio y por algún tiempo: halagüeños estudios de preferencia electoral, situación económica internacional favorable a un cambio de gobierno, y para colmo, toda la “izquierda burra” y los “comunistas de derecha” pujando.

Sin embargo, poco contabilizan, o le dan crédito a esa otra guerra-política, y, en consecuencia, partidos y estrategas de campañas se arrogan triunfos y resultados no del todo suyos. Sólo el que observó ese duelo mediático, sabe que hacia falta, además de ofertas programáticas y carisma, fieros zorros de la comunicación y de la historia política del país no escrita en libros.

Hubo otro bloque de periodistas identificados política e ideológicamente con Danilo Medina y el PLD. Ese otro bloque fue de suma importancia en los aspectos netamente político y económico, al punto que también dio su lucha a su rival afín, el de AMM-JAE-FC y los agazapados (periodistas especialistas en asuntos económicos dizque independientes). La idea, o el trabajo de éstos últimos, era minar toda política comunicacional y de estadísticas del gobierno respecto a los logros macroeconómicos y la salvedad del país frente a la crisis económica global.

Ya derrotados en todos frentes político-electorales, y su candidato (Hipólito Mejía) en caída libre, recurrieron entonces a la guerra sucia, al hackeo y al terrorismo trasnochado. Pero todo le fue desmontado, y planes y arquitectos fueron descubiertos de viva voz y con la masa en las manos.

Lo peor ahora es que algunos -desde las gradas- se preguntan: ¿que dónde se libró la verdadera batalla: si en los medios de comunicación, o en las urnas? Yo digo que en ambas trincheras, aunque pensándolo bien, y mirando los números de la abstención y ese 47%, casi casi confieso que si no hubiese sido por esos duchos periodistas -y, sobre todo, por el hecho significativo de que el Danilo Medina candidato no cometió ni un solo error en el tramo último de campaña-, prácticamente, nos salimos, como se dice popularmente, debajo de una patana.

Y a pesar de ello, hay quienes -ladrándole a la luna- se comparan y hasta retan, desde la sombra, y sin haber arriesgado nada, la lógica del poder. ¡Que cachaza!