La hora del “quiti-pon” está llegando

Por Carlos Luis Baron miércoles 4 de julio, 2012

Es posible que el título con el que he encabezo el presente trabajo resulte extraño para muchos lectores, pues a pesar de que a estas alturas del juego casi todos estamos globalizados, creo que ni en el moderno Diccionario Prehispánico podrán encontrar el término que aparece entre comillas.

Aunque esta expresión la aprendí de mi difunta tía Mochola, les ofreceré su definición “semiestimológica”, como lo habría explicado mi antiguo profesor de gramática, Juan Báez de la Rosa durante los buenos tiempos de su Academia Sánchez Ramírez en mi inolvidable Villa Juana.

Quiti-pon: “Dícese de cuando alguien mueve (quita) una persona o cosa de algún lugar para colocarla (pon-erla) en otro y luego en el espacio que quedó vacante es colocada otra persona o cosa…” Y abundaría el profe: “En ocasiones, esta acción reporta excelentes resultados, pero en otras, puede constituir un lamentable desacierto.

La perorata anterior viene a cuento, porque al tomar posesión como nuevo presidente de nuestro país, el licenciado Danilo Medina, ya investido como tal, tendrá que poner en práctica el quitipon, pero nadie puede asegurar que tenga acierto en todos los movimientos que lleve a cabo, a pesar de que no dudamos en lo más mínimo de que tiene las mejores intenciones para con todos sus compatriotas.

El nuevo mandatario designará a algunos funcionarios luego de una profunda reflexión, en la que ha prevalecido su criterio acerca de la capacidad y honestidad que ha podido observar en el futuro ministro. En determinado caso se verá compelido a hacer designaciones de personas con quienes ha contraído indirectamente serios compromisos políticos y morales, ya que éstos le han sido fieles en los momentos más difíciles políticamente hablando.

Los ejemplos sobran, pero para citar solo uno, podemos señalar el caso de Miami, donde algunos de sus seguidores trabajaron hasta el agotamiento antes y durante la campaña electoral, según pude constatar personalmente. Curiosamente a algunos de ellos no les gusta el pantalleo ni reclamar retribución por su esfuerzo ya que lo hacen por cuestión de principios.

En una que otra ocasión tendrá que responder a una “humilde y sutil” petición de un amigo o generoso donante de campaña, y quizás hasta se vea un poco forzado a tomar decisiones contra su voluntad, pues la cosa apenas comienza y hay que maniobrar con pie de plomo. De todos modos, parece que ya para algunos la cosa se está poniendo buena, como decía Buck Canel.

¿Porqué remover del cargo a un funcionario que ha realizado una excelente labor? Por el contrario, asumo yo, debería mantenérsele en su posición, y si fuera posible premiarle con un ascenso, a pesar que necesariamente no hay porqué premiar la eficiencia. Basta con reconocerla.

Estamos más que conscientes de que en todo gobierno hay funcionarios excelentes, buenos, regulares, malos y hasta mediocres. Con los que pertenecen a los tres últimos grupos sabemos lo que hay que hacer, pero, por una cuestión de estrategia no siempre se puede actuar como se debería. Sobre los de los dos primeros grupos es evidente que la lógica indica que deberían ser confirmados en sus posiciones o transferidos a cargos con el mismo rango.

Pero resulta que hay muchos bateadores esperando su turno en el banco desde hace buen rato y contrario a lo que dice la Santa Biblia, en este caso “La mies es poca… y los trabajadores son muchos…”

La cuestión de determinar con certeza quién es serio y quién no lo es, en ocasiones no resulta tarea fácil, pues como dice el refrán no siempre son todos los que están ni están todos los que son.

Hace algunos años mi cuasi hermano, licenciado Ismael Cruz Medina me contaba que en un encuentro que sostuvo con un funcionario de la Embajada de Estados Unidos en nuestro país, éste le expresó su preocupación porque, según él, mucha gente se hacía de la idea de que todos los funcionarios que tenían mucho dinero lo habían conseguido haciendo mal uso del erario público. “No todos los funcionarios que tienen dinero se lo han robado, yo conozco a muchos de ellos que tienen fortuna y son muy serios y honestos…” le decía el diplomático.

El tema surgió debido a que el funcionario de la legación diplomática le comentó a mi amigo que había leído su artículo titulado “La maña de robar es un delito y es un pecado”, el cual había sido publicado en la edición de El Nuevo Diario Digital, de fecha 21 de abril de 2006; en el que cuestionaba ciertas “inconductas” de las que se acusaba a algunos miembros de nuestra sociedad.

¿Entonces, qué hacer? Para continuar lo que está bien, consideramos humildemente que el licenciado (ya presidente), debería quedarse con lo mejorcito; buscar con la linterna de Diógenes a personas cuya moral y honestidad hayan sido comprobadas, sin importar a qué parcela política pertenece el elegido.

Para corregir lo que está mal debería rodearse de verdaderos expertos, incluyendo profesionales de organismos nacionales e internacionales de probada trayectoria y no de simples teóricos.

Y para hacer lo que nunca se ha hecho… el nuevo mandatario debería hacer los mayores esfuerzos (y no dudamos que lo hará) para garantizar la seguridad ciudadana cueste lo que cueste, porque de nada sirve que tengamos acceso a la educación, comida barata, y cibertecnología si no podemos salir a las calles o dormir tranquilos confiados en que preservaremos la vida.

Y, naturalmente, alejar de su entorno a los peligrosos adulones y dejar que nuestro sistema judicial guarde bien en la “chirola” a todo aquel a quien se le compruebe ha hecho mal uso de los dineros del Estado, que dicho sea de paso, es también mi dinero. Suerte Licenciado! Que Nuestro Señor y el Profesor Juan Bosch lo protejan.