La inefable tarea del relacionista público

Por Carlos Luis Baron sábado 16 de junio, 2012

Nueva York.-Si desapareciese el orden de cosas que sostienen los países, con tendencias, o contundentemente capitalistas; habría que defenestrar o reformular una de sus columnas mediáticas sumamente enajenante: las relaciones públicas que responden a las instituciones de servicios del Estado que idiotizan e insultan la inteligencia de los pueblos.

Las relaciones públicas es una tarea de las comunicaciones claves para, sutilmente, someter a los pueblos a los abusos de sus totalitarios gobernantes. Y, su accionar es más funesto y lacerante cuando se utilizan a los relacionistas públicos en entidades destinadas para, presuntamente, servir a los contribuyentes. Por ejemplo, entre otras, cuando sirven a los ayuntamientos, como el del Distrito Nacional, timoneado por Roberto Salcedo.

El papel del relacionista público de la Policía Nacional, aunque trata de lavar la imagen del organismo en el que constantemente policías abusadores se enseñan contra los infelices pertenecientes a la clase desposeída, por lo menos tiene más autenticidad. ¿La diferencia? Esas relaciones públicas, son ejercidas por un oficial de la institución que, aunque es un comunicador es también miembro activo del organismo represivo.

Recientemente uno de los apéndices del Ayuntamiento del Distrito, en un intento fallido, quiso desalojar a los buhoneros de la avenida París con Duarte de la capital, y el relacionista público del organismo, aunque tal vez inconscientemente, defendió la medida como si la negligencia de los que nos han gobernados, nunca haya incidido en generar el pandemonium y caos registrado en esa intersección.

Si no hubiéramos conocido al veterano periodista, tal vez habríamos pensado que el mismo, no conocía de los pormenores de esa situación. Pero no es así, el conocido periodista, independientemente de sus funciones o cualquier simpatía con el gobierno de turno- a lo que tiene derecho-, se expresó de forma tal, que cualquiera creería que no conocía bien esos predios ni el por qué de esos informales negocios.

Con este ejemplo no tratamos de desmeritar la labor del conocido colega, sólo señalar lo odioso, -aunque sea un cargo bien retribuido- que resulta, al menos para nosotros, el ejercer tan inefable tarea. Aunque luzca un planteamiento utópico, el Colegio Dominicano de Periodistas (CDP), debiera estatuir de acuerdo con los gobiernos y sectores progresistas, que el trabajo de relacionista público en estas instituciones sea ejercido por sus propios funcionarios que, necesariamente, no han jugado el rol de periodistas. Distinta es la situación cuando esa tarea sirve a una figura pública o al sector privado.

Parecería una majadería lo que exponemos, pero no vimos en el veterano colega al periodista per se, observamos a un funcionario como otro cualquiera. No cuestionamos expresamente su ejercicio. Pero si puntualizamos lo lamentable de tener que desligarse de sus prístinos principios como idóneo informador, para poder sobrevivir en un entorno de complicidades.

Y, lo que exponemos se justifica más, si reflexionamos en que se intentaba desalojar a los buhoneros (no estamos de acuerdo con el caos en la citada intersección), cuando en la campaña proselitista del actual presidente electo, se formó el movimiento “Los buhoneros con Danilo”. Existen serias y contundentes razones para bien reubicar a esos infelices.