La Ley de Partidos, a propósito del despropósito

Por Carlos Luis Baron martes 12 de junio, 2012

Lamentablemente, el accionar de los partidos políticos en la República Dominicana ha estado signado por el interés de ejercer el control de los estamentos de poder del Estado, en provecho de los intereses particulares de una minoría, contrario a la regla por todos conocida, de que el objetivo fundamental de toda organización política es alcanzar el poder, pero con el objetivo de beneficiar a las mayorías, a quienes los partidos políticos dicen y afirman representar.

La Reforma Constitucional, aprobada mediante consenso en enero del pasado año 2010, creó el espacio ideal para transparentar ese accionar, sobre todo, por el descrédito en que han caído estas instituciones, de acuerdo con la percepción generalizada de amplios sectores de la vida nacional.

A tal efecto, un Proyecto de Ley de Partidos y Organizaciones Políticas fue sometido al Congreso Nacional con la finalidad de regular el funcionamiento de los partidos y los procesos electorales.

Luego de concluido el proceso electoral del pasado 20 de mayo, en el que se eligió al presidente y vicepresidente de la República, el referido proyecto ha vuelto a ocupar las páginas del diarismo dominicano. En la actualidad, el sistema de partidos políticos existente en la República Dominicana tiene un sin número de lagunas que el Proyecto de Ley viene a regular y a definir de manera clara y precisa.

Precisa, por supuesto, del consabido análisis por parte de todos los actores involucrados a los fines de poder identificar las contradicciones que pudiera tener el Proyecto de Ley de Partidos y Agrupaciones Políticas con la Constitución de la República.

De lo que se trata es de eliminar las lagunas que pudiera tener la normativa propuesta, determinar los aportes del proyecto de ley a la transparencia de los partidos y agrupaciones políticas.

La nación precisa de un mayor involucramiento por parte de los que dirigen estas instituciones. Que su ejercicio diario en la vida política del país, esté en consonancia con los intereses de las mayorías. Al fin y al cabo, es a estas mayorías a quien ellos aseguran representar.

Reivindiquemos las circunstancias que dieron origen a los partidos políticos, el interés de participar en las luchas por el poder político para beneficio común.

Este es el momento para la discusión y aprobación definitiva de esta normativa, todo lo demás es un esfuerzo por comprometernos a todos con el despropósito de luchas internas que no nos compete arbitrar.