La magia del mercadeo inductor

Por Carlos Luis Baron jueves 23 de agosto, 2012

Si hay una gran realidad, sobre la que mucha gente está de acuerdo es que, el mercadeo es una manipulación total, que tiene como norte directo a las personas poco pensantes; a las que no están en capacidad de cualificar las ofertas que se hacen; que se dejan embaucar fácilmente con cualquier cosa.

Es la disciplina actual más atrayente para la juventud con ambiciones económicas, que se satisfagan con facilidad. Ahora, con un nuevo cuño, pincelado a base de demagogias extremas y magias inductoras, que se reportan como condicionantes mentales, despertando en la gente deseos y necesidades más bien creados, no existentes en realidad.

El mercadeo está dirigido principalmente, hacia lo indeseado por las personas; y, a lo que no se necesita en verdad. Pues, lo inverso a esas dos condiciones, no requeriría de las técnicas y argucias que se prescriben dentro del ejercicio de esa disciplina profesional.

Es por ello que, en muchísimas ocasiones, hay cosas que necesitan obligatoriamente de tanta propaganda, y de innumerables anuncios callejeros, para poder motivar y llamar la atención de los ciudadanos, o residentes de un determinado lugar; aunque, no de todos claro está.

Se saturan los medios en que se aspira a realizar algún evento; al igual que, cualquier tipo de actividad que bien se puede considerar de antemano como seudo artística, casi siempre, en la que intervienen actores de bajo perfil, y hasta de un nivel muy inferior en esa área, podría decirse. O, se promueve la venta de cualquier producto con calidad cuestionable.

Lo bueno, lo que reúne reales condiciones, no tiene que ser promovido con tanta insistencia. Se vende prácticamente solo, en base a calidad y prestigio. Además, resulta siempre mucho más manejable para fines de presentación pública, o comercialización, por el hecho de ofrecerse con mayores facilidades al público potencial objeto – precios más asequibles, o atractivos – en términos de correspondencia con la proporción costos-beneficios, ya que los primeros disminuyen de manera significativa, por el poco mercadeo inductor que se requiere.

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