La motivación para practicar todos los deportes

Por Carlos Luis Baron martes 19 de junio, 2012

“Puedo salir uno que otros sábados, pero no es que lo necesite. Mi satisfacción es este deporte y no lo quiero poner en riesgo por algo que va a durar solo un día”

Yamilet Peña

Primera Gimnasta Dominicana en Juegos Olímpicos

Sigo pensando que es necesario motivar una sociología del deporte dominicano para que el resultado produzca un impacto en la sociedad que sirva de brújula para el curso de las decisiones que pueden tomar los atletas. En primer lugar me refiero a ampliar el menú de alternativas que saquen el predominante béisbol como el principio y el fin de la práctica de algún deporte. Si cuando un jugador no es firmado o ya firmado es dejado libre, ese no debe ser el fin. Necesitamos mantener a la juventud involucrada en los deportes por tres razones muy poderosas. La primera es para que tengan un norte saludable y se mantengan fuera del submundo que rompe con las aspiraciones, la práctica familiar sana y sus propias esperanzas. La segunda es porque necesitamos producir atletas que además de los beisbolistas puedan construirse un futuro económico para ellos, su familia y la propia economía nacional, como sucede con los baloncestistas, los peloteros y varias de las jugadoras de voleibol que accionan en ligas internacionales. La tercera razón es producir más talento a los que luego se le gestionen becas en base a las habilidades mostradas en su disciplina, como los corredores que accionan en universidades puertorriqueñas desde principio de los ochentas.

El principio dependerá de esa aplicación científica que muestre la realidad y las proyecciones de cada una de las disciplinas que se practican en nuestro suelo, que le sirva de referencia al sector comercial para motivar su inversión y llevar a cabo torneos provinciales, regionales y nacionales que hagan atractivo y valioso el tiempo que invierten en preparación y entrenamientos. Que un Ministerio de Deportes dinámico cree la infraestructura mercadológica y los enlaces locales e internacionales para mantener la dinámica del entusiasmo, para beneficiar todas las partes, entre otros programas de múltiples objetivos socioeconómicos.

A todas las ventajas económicas se pueden añadir las educativas, involucrando a las universidades para que construyan sus equipos de atletismos, sus nadadores, gimnastas, tenistas, ciclistas, yudocas y karatecas, entre muchos más, y creen un ambiente de competencia inter institucional que además pague los estudios y les proporcionen desahogo económico a los atletas participantes.

Perdimos poco a poco esa sutil práctica casi simultáneamente con el deterioro de nuestro cuerpo social, el incremento de la criminalidad y la deserción escolar.

El incremento numérico de la práctica de los deportes en nuestro suelo nos proporcionara buenas noticias en la reducción de la violencia doméstica, de género y en la contribución directa e indirecta con la reducción de los feminicidios, cuyas estadísticas no solo nos avergüenzan sino que nos dejan una estela de huérfanos más vulnerables que el resto de las población infantil de la nación.

Los recursos están ahí, solo falta la gestión visionaria y el enfoque teórico que ponga la plataforma a funcionar para conquistar objetivos que se sientan en el corazón colectivo. No debemos esperar a que sean leyendas para buscar su atención. Debe ser un entusiasmo más delirante si nos sentimos parte activa de esos triunfos, que serían más numerosos.