La pipa de la paz

Por Carlos Luis Baron jueves 1 de marzo, 2012

Los indios cerraban las diferencias fumando la pipa de la paz. En el campo de batalla la guerra a muerte, pero cuando se decidían a conversar, las volutas de humo solucionaban todo.

Los pactos no dan resultados, si de por medio está el lenguaje ofensivo y agresivo de los dirigentes. La revolución Francesa fue sinónimo de pactos que se hacían en la noche, y en la mañana se olvidaban con el sonido de la guillotina.

Los primeros que tienen que auscultar su conciencia para hacer pactos, son esos dirigentes que amplifican su voz con un sonido de división, de ofensas, de golpes bajos contra el adversario que no es un enemigo, por consiguiente, antes que pactos, debe haber un llamado a la conciencia.

Sólo acepto un pacto, si va dirigido a establecer una guerra a muerte contra la miseria absoluta que afecta a millones de dominicanos. Nuestro enemigo central no está en un brote de violencia electoral, sino en los estómagos vacíos, la inexistencia de camillas de hospitales, y la falta de pupitre, tiza y pizarrón.

Los dominicanos necesitamos que entre los sectores pudientes y determinantes de la sociedad se de un pacto de supervivencia. No sólo es que haya entendimiento para llevar a cabo las elecciones, sino para que tengamos aceptables niveles de vida.

Un pacto de no agresión en la campaña no soluciona ni a corto ni largo plazo los principales problemas nacionales. De hecho, ese pacto no es necesario. Solo cada candidato, como un ser civilizado, tiene que elevar el lenguaje político de su campaña, y todo resuelto.

Las declaraciones desaforadas de algunos dirigentes políticos, pasa como un espectáculo para la radio y la television, pero en las bases, es la consigna para agarrar el machete.

No es el pueblo que tiene que tener pactos. Entre los sectores hay cierta armonía y tolerancia. Son los dirigentes políticos los que dan el mal ejemplo y los que deben ser responsables de sus acciones.

Pacto de no agresión, es superfluo, innecesario, tinta sobre el papel, porque nadie va a detener la agresión verbal, la destruccion de propaganda y la guerra sucia, sino hay un lenguaje diferente de los cabezas de grupos.

Pensemos en un pacto por el arroz, y la habichuela. La comida diaria, la salud diaria, la lucha contra el analfabetismo. Ahí están nuestros problemas y su solución debe ser inmediata.

Sino se ataja el hambre, vendrá, como norma histórica inviolable, la violencia de los desarrapados, donde como lo reseña la historia del mundo, nadie tendría la cabeza segura sobre los hombros.

Hay mucho tiempo para firmar pactos. Pero como dice la máxima cristiana, que se de el primer paso y se tire la primera piedra.