La República Coloreada del Caribe

Por Carlos Luis Baron jueves 29 de marzo, 2012

Cuan equivocadas viven muchas personas en este país; máxime, aquellos que ven en la politiquería partidarista su tabla de salvación, como se dice en el argot popular; que creen que, si su partido se alza con la victoria en cualquier proceso electoral que se avecine, dejaremos de ser todos dominicanos, para convertirnos en nacionales ganados, y perdidos, probablemente, bajo otra denominación republicana, que bien podría ser: La República Coloreada del Caribe, en alusión al tintado del partido que le toque gobernar en cada ocasión.

Cuando aquí se verifican campañas electorales como la actual que ahora discurre, cargada de rebatiñas de bajo nivel, acusaciones y contra acusaciones soeces, amén de las falsas promesas y las retóricas embaucadoras acostumbradas, todo parece indicar que no seguiremos siendo un sólo país después de los comicios, cuyos destinos totales tendrán siempre que dirigir los que resulten ganadores; sino que, su gestión estará supeditada nada más que a las concesiones y realizaciones que tengan que ver de manera directa con sus adeptos y colaboradores favorecidos con el voto popular, como los simpatizantes más cercanos.

Que concepción más errada, esa que aquí de ordinario se tiene, en cuanto al cambio de autoridades cada cuatro años, cuando se considera que, una vez los nuevos incumbentes elegidos asuman las riendas del Estado, el país pasará a ser una finca de su propiedad, por el término del próximo cuatrienio de gestión gobernante.

Por esa propensión que tiene una gran parte de los políticos nacionales, y que, obviamente, continuará tal cual, según la intenciones y propósitos que se advierten, es que difícilmente este país podrá salir a la luz del progreso y el desarrollo real; al tiempo que, seguirá trillando caminos muy inciertos, caracterizados por la rampante corrupción estatal, el narcotráfico, una juventud alienada y adicta, como falta de educación. También, cargando siempre con el pesado fardo de del endeudamiento externo, con el acicate sostenido del injerencismo internacional, en voz de los prestamistas favoritos.

La población en general nuestra tiene que concienciarse, hasta no permitir que se le siga llevando por tan inciertos senderos, de pobreza, desasosiego e insalubridad marcada, a cambio de la satisfacción deleznable de los intereses grupales a que siempre aspiran los políticos nacionales de nuevo cuño.

Cada cuatro años en esta nación, la ciudadanía tiene la oportunidad de elegir a dignos y verdaderos representantes; gente que en realidad piense en la solución de los problemas más apremiantes que el pueblo tenga por delante; que vaya al poder a servir, no a servirse de éste, como sostenía un renombrado ícono de la política nuestra, ya desaparecido.

Por ahí viene ya el 20 de mayo próximo, en que “la suerte quedará echada” de nuevo, por una eventual mejoría por parte de los dominicanos. ¡Qué se aproveche la ocasión!, para que después no sigan los lamentos.