La sensatez debe imponerse en estos días

Por Carlos Luis Baron domingo 30 de diciembre, 2012

¡Ser prudentes todos, acudir al buen juicio, adherirse a la moderación total durante las fiestas de Navidad y Año Nuevo, son actitudes personales que traerían muy buenos resultados!

Sí, y es que, la gente cree que es sólo para esas épocas cuando se come y se bebe en abundancia. Lo hacen en demasía, hasta el hartazgo, producto de lo cual, las intoxicaciones, y demás, aparecen por doquier. No se repara en los cuidados de la salud; en los accidentes mortales, o que reportan lesiones permanentes. ¡Craso error!

Abarrotan las calles y avenidas sin contemplación. El transitar en vehículos, o a pie, se torna una odisea. Los combustibles que se queman en los tapones provocados, triplican las cantidades que se consumen de los mismos, trasladándose en los automóviles de un lugar a otro, por lejano que sea. Pero eso no importa, ¡estamos en Navidad y Año Nuevo!

Los comerciantes “hacen su agosto en diciembre”, a costa de los ingenuos consumidores que se dejan inducir con sus argucias mercuriales: los famosos especiales; como, las rifas y concursos a granel, cuyos agraciados con regularidad nunca se conocen, entre otros sutiles engaños mercadológicos a los que con frecuencia se recurre.

Muchas veces, lo que esos “turpenes” ofrecen, en términos de costos reales, para conseguir potenciales clientes, o borregos obedientes, de cederlos como regalos después en favor de ésos, disminuirían sus ganancias de manera considerable; o, podrían hasta reportarles pérdidas económicas durante el periodo fiscal que curse.

En ese sentido, se habla incluso de caros electrodomésticos, vehículos de motor (más de uno a veces), y hasta de apartamentos o casas. Eso hace suponer que, la especulación y explotación en contra de los que van a darles la boca es tan grande, que les permite darse ese lujo, en el caso de cumplir.

O que, todo eso no es más que falsas promesas embaucadoras, montadas para engañar a los “descerebrados” que llenan sus locales comerciales: tiendas, supermercados, y otros. De todas maneras, siempre logran sus propósitos, y los bobos van a caer rendidos a sus pies; les gastan hasta el último chelito que consiguen, comprando siempre a precios inflados, por la oportunidad que se ofrece de aumentar todo lo ofertado

Luego que pasa la debacle consumidora, como la propensión extrema a “empinar el codo”, como se dice en buen dominicano, entonces vienen las lamentaciones: la situación está mala; se está pasando hambre; no hay cuartos por ninguna parte; estamos en olla, etc. ¡Importante guardar para cuando ya no hay!, como lo hacen incluso algunas especies inferiores.

Además, viene el acoso de los cobradores insistentes, que no permiten el comer, ni dormir bien. Y por supuesto, los efectos dañosos para salud, derivados de los excesos en las ingestas de todo tipo de comidas, con sazones diferentes, grasas, alcoholes y dulces a granel ¡Comienzan los médicos a sonreír!

Pero, se comió, se bebió y se gozó en Navidad y Año Nuevo, ¡nada importa!, aunque haya que seguir con los líos económicos, como las demás deficiencias que se agregan, después del llamado “Día de los Santos Reyes”, que es el “puntillazo” final, el tiro de gracia.

El período de Navidad y Año Nuevo, debe ser un espacio anual para reflexión de orden religioso-espiritual, más que otra cosa. No es que se deje de disfrutar la temporada, ya que hasta los mismos aires frescos invitan a hacerlo; y, que haya consumo, no importa. Pero, que se haga de forma moderada, con la prudencia debida, y sin tener que recurrir a los endeudamientos agobiantes, luego que pasa la “euforia pascuera”.

Por ser el último mes del año, se deben aprovechar también los momentos de ocio que se tenga, para hacer un examen retrospectivo, en cuanto a la consecución de las metas trazadas durante los once (11) anteriores; ¿qué nos dejaron? De igual forma, definir y fijarse nuevos propósitos hacia el provenir.

Navidad y Año Nuevo, no deben ser épocas sólo para la “jartangas”, bebederas, canes, bailes, como los “vitrineos” en las tiendas, y las caminatas en los pasillos de los supermercados. ¡Reflexiónese sobre esas actitudes mundanales, dañinas en la mayoría de los casos!

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