La tradición europea y el arroz con mango nuestro, en materia de transición

Por Carlos Luis Baron domingo 22 de julio, 2012

Quien no haya comido un locrio de salami o de longaniza no sabe de la ricura criolla que se ha perdido. Igual, de un locrio de arenque con tres o cuatro tajadas de aguacate y unos tostones verdes. O de menos demanda; pero no por ello menos apetecible, un locrio de masita de cerdo, o de gallina vieja.

Pero dejemos la culinaria criolla (de patio ¿o de pobre?), para entrar en materia o tema de actualidad: la cultura burocrática-política europea de cara a cambio de gobierno. Lo primero es que en la burocracia europea hay todo un régimen inviolable -por su propio desarrollo económico e institucional- de carrera pública reglamentada por ley que el sistema de partido respeta y fomenta.

Y lo segundo, que a cada ministerio se va y se llega con planes concretos y evaluables; y que por igual si no hay resultados, el reemplazo es inminente, o lo más común, el propio ministro recoge y se va. Contrario, si hay resultados, dependerá -su permanencia- del jefe de gobierno de turno.

La anterior es la tradición europea -lógicamente, con sus excepciones- ceñida a una ley y a una burocracia gerencista (que tampoco deja de ser política) y de planificación que, dicho sea de paso, choca estrepitosamente con la tradición burocrática-política nuestra de botín, de feudo y de “saltacocotes” en plena e insaciable acumulación de capital.

Por ello, en esa cultura (¿?) o tradición subdesarrollada de gerencia de la administración pública, no hay espacio para la planificación ni para el referente institucional a la hora de acatamiento de autoevaluación o supervisión sobre logros o resultados, sino, que todo se reduce a una herencia o jerarquía partidaria, a ciertas cuotas de poder, o a la peor aberración burocrática, al amiguismo.

Entonces, en un escenario político-cultural así, ¿cómo esperar renuncia voluntaria colectiva de ministros? ¿Cómo esperar ese grado sumo de cortesía y de elevado interés patrio, si, en el fondo y en la superficie, predomina el sentido de pertenencia de los puestos públicos, la cultura de feudo, la cultura de corcho (“Los carpinteros” de Balaguer), y aquella otra de factura (el que dio algo en la campaña), de antigüedad, de trayectoria y de jerarquía partidaria?

En consecuencia, el Presidente electo Danilo Medina, tendrá que lidiar con toda esa tradición burocrática-cultural-política nuestra; aunque eso si (y es alentador), algunos miembros del Comité Político han dicho públicamente que tendrá a su partido (el PLD) y a la jerarquía apoyándole. Ojalá, el retiro deliberativo del Comité Político -de este fin de semana-, le ratifique, en pleno, esa disposición que hasta ahora es solo de algunos.

Ya veremos….