La transición: espejo daltónico

Por Carlos Luis Baron domingo 15 de julio, 2012

En nuestro país a diferencia de los Estados Unidos y de las democracias parlamentarias europeas, el período de transición (instalación) de un gobierno a otro, es largo, tortuoso, y no pocas veces, a ritmo de bellaquerías (1978 y 2004, por citar dos muestras).

Sin embargo, lo patético no es solo la ocurrencia de esos hechos (por demás, condenables), si no, la incertidumbre en los rostros y el día a día de aquellos actores públicos que cada transición -en su creencia- es una suerte de guerra, tortura o, de mala leche. No hablo, por supuesto, de simples servidores públicos, a esos, sí cumplen una labor, hay que reiterarle estabilidad y seguridad merecida. Es lo mas justo, y más, en tiempo de crisis global.

No obstante y paralelo a lo anterior, se da otro fenómeno más rico, exigente, competitivo y caótico: aquel que habla de aspiraciones, de méritos y de batallas reales o fingidas. Ese escenario, o espejo daltónico como bien se proyecta, es la duplicación del arrojo, de la fidelidad y del poder demostrar -no con cuento ni nadería- regimiento, especialidad y las coordenadas exactas en tiempo de paz y de guerra (en otras palabras: ¿dónde estaba ése soldado?). Esto, porque los ejércitos (y todo partido político lo es) y, sobre todo, los mariscales de campo, por “Gajes del oficio”, gustan saber e indagar sobre sus tropas y desempeño. De esa indagatoria, generalmente, se despeja: el que no tiró ni un tiro ni fue a la guerra. Vale decir, que se quedo en su casa (sabrá Dios, sí haciendo rositas de maíz, o mirándose el ombligo).

El gran problema (para los daltónicos de zafra), o la mejor suerte (para el combatiente) es cuando un Mariscal pasa de jefe de campo a dirigir la selva entera (no es muy frecuente el evento, pero se da). Cuando esto sucede, hay fiesta y alegría, pues -tarde que temprano-, ése comandante, sabrás distinguir, a leguas, un rostro de guerra y otro de pasarela.

La política; pero, sobre todo, la actividad política tiene mucho de guerra y de pasarela. A propósito: ¿puede un soldado de pasarela fingir y convencer que fue a la guerra? O más fácil: ¿se puede llegar a Mariscal rascándose la panza?

Eso es la transición: un nudo, un pasar revista, un espejo…