La triste historia de Ruth Ellis

Por El Nuevo Diario martes 10 de enero, 2012

Durante mucho tiempo la doctrina penal define la emoción violenta como un hecho psíquico, que transforma de manera momentánea el equilibrio y estructura psicofísica del individuo, y que bajo este estado el sujeto actúa, cometiendo el crimen, que en la mayoría de los casos se tipifica como “pasional”; lo que evocan abogados penalistas para procurar atenuar la pena de quien ha cometido el crimen.

Regularmente la victima es una mujer, y esa jerarquía de género, es lo que la antropóloga colombiana Mirian Jimeno, en contraposición a estos postulados legales nos explica : “La violencia no proviene de los genes, ni del instinto humano, sino que surge del aprendizaje diario en sociedad”. En esta oportunidad, no tomaremos posición al respecto (será tema de otra entrega) sino que por su repercusión histórica quiero recrear el crimen “pasional” cometido por una mujer que puso fin a la ejecución de la pena capital en la sociedad londinense.

Ruth Ellis, modelo de profesión, había amado a varios hombres durante sus veinte y ocho años de existencia, apareció en su vida el burlador y bohemio David Blakely, a quien amó profundamente, así lo confirma la carta que les remitió a sus suegros días antes de la desgracia. David había decidido separarse de Ellis, pero jamás pensó que el día 10 de abril del año 1955, en la entrada de la taberna Hampstead, Ruth había decidido terminar con el motivo de sus tormentos y sin mediar palabras apretó el gatillo y de seis disparos, cuarto hicieron diana mortal en el cuerpo del joven de 25 años.

Este hecho consternó a toda Inglaterra. Dance With Strange, es el titulo de la versión llevada al cine que recrea esta historia, motivo que provocó la abolición de la pena capital en Londres, dejando sin empleo a Albert Pirrepoint , el verdugo, autor de mas de 400 ejecuciones y quien como es lógico le correspondió abrir la trampa del cadalso erigido para la solemne ocasión…”yo siempre amé a su hijo y moriré amándolo” así rezaba parte de la carta que llegó a manos de los padres de David Moffat Drummond Blakely, y que fue rubricada por Ruth Ellis hacen ya 57 años.