La venganza es dulce

Por Carlos Luis Baron jueves 26 de julio, 2012

Siempre recordamos la expresión de esa frase, por parte de un amigo y excompañero de trabajo, que solía pronunciarla con frecuencia, cuando entendía no estar recibiendo el trato adecuado procedente de los demás; o, que estaba siendo traicionado en su apreciación.

Sí la forma en que lo hacía, dejaba entrever que no era sólo un decir, sino que a veces, guardaba algún tipo de rencor; y, le mostraba estar en disposición de reciprocar acciones futuras con actitudes retaliatorias, cuando las circunstancias lo favorecieran.

Aquella persona, siempre indescifrable, y silenciosa en extremo, parecería además estar cargada de pensamientos e intenciones negativas. Muy difícil tenía que resultarle el vivir así, con esos fuertes aguijones, que de seguro le impedían dedicarse por completo a sus actividades cotidianas.

Los fardos emocionales de ese tipo, provocan el que las personas se muestren mayormente amargadas; que difícilmente su rostro exprese una pequeña sonrisa, aun sea medio fingida. Y por tanto, tienden a alejar todas las cosas que les puedan resultar favorables.

Craso error, cuando la gente se dispone a estar acumulando internamente resentimientos y deseos de venganza, ya que esos van corroyendo su economía física biológica, en términos energéticos, y les hace pasibles de atraer hacia si mismo todas las influencias de carácter negativo que circulen a su alrededor.

Además de que, nadie debe tratar de juzgar las actitudes y comportamientos que observen sus hermanos congéneres, y mucho menos procurar vengarles, cuando los considere que han ido en su contra; ya que, aunque así haya podido parecer en el sentido humano, siempre todo se reporta para bien en el orden de lo espiritual propiamente.

Tampoco procede olvidar que, la Madre Naturaleza tiene su ley punitiva, de aplicación inexorable: “Siempre se recoge lo que se siembra” – Ley de Causa y Efecto -. Sólo hay que esperar que el tiempo pase.

Cuando sintamos el deseo de abrigar resentimientos; de procurar vengarnos luego, amén de detenernos a pensar un poco sobre la verdadera esencia humana – espiritual – y, en que “Todos somos uno”, también debemos reflexionar profundamente en el contenido del versículo 19, capítulo 12, libro a los Romanos, Sagrada Biblia, que dice:

“No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré dice el Señor”.

Como vemos, está bien a la mano el mandato sobre el cual debemos meditar siempre, cuando de guardar rencores e intenciones vengativas se traste; que además, nos amargan la existencia, y nos impiden disfrutar los instantes de felicidad terrena que nos proporcionan los momentos presentes.

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