La verdadera humildad

Por Carlos Luis Baron martes 12 de junio, 2012

No es tan simple, como a veces aparenta. Hay que procurar conocer lo que el fondo de esa cualidad subyace, al margen de toda concepción religiosa convencional. Se debe ir necesariamente al ámbito esotérico, para poder comprender su real significado. Dilucidar con agudeza, el sentido de la que se considera la primera verdad sagrada: “Todos somos uno”. Lo demás, es formación mental humana – egotismo -.

Cuan hábil es el ego de las personas; pone actuar a los individuos como quiere. Ese falso ser, que no es más que una sólida creación mental en los hombres, producto de la manipulación e inducciones recibidas; primero de orden familiar, y después social, hay que aprender a observarlo para no darle pie, y en ningún momento permitirle suplantar por completo, el rayo o fragmento de la Conciencia Divina que encarnamos; la que siempre dirige con voz silente todas nuestras acciones y actitudes desde lo interno. Tampoco, que logre apartarnos de la verdadera esencia que tenemos: espiritual.

Como consecuencia de los impulsos egotistas, y para él estar complacido, muchas veces hace que las personas ostenten una humildad que en fondo no es real; sino, una estrategia de ese falso ser que nos creemos, para sentirse superior; estar por encima de los demás, en términos de más merecer, como ocurre de ordinario en el ámbito religioso, entre otros, respecto de lo que se ofrece a los feligreses como recompensa en ese tenor.

El ego suele reprimirse a sí mismo, para aparentar ante las otras personas una cualidad que en el fondo no se tiene, hablando de los hombres propiamente; que no es nada más que un sofisma, algunas veces pasajero; una engañifa más de éste, que algunos entendidos la asocian con la codicia de ser superior, o de agenciarse alguna ventaja con relación a los otros.

Cuando la humildad es sincera, sostienen los entendidos, el ego en nada interviene, porque precisamente significa la ausencia de éste. En asimilar, o aceptar sin reparos, que todos los seres humanos somos iguales; que nadie es superior, ni inferior; que no hay objeto de comparación en este caso. Ahí está la clave de todo.

¡Esa, sí que es la verdadera humildad, y en función de la cual siempre debemos actuar los seres humanos!

A propósito del tema, conozco una frase que bien se puede considerar como inédita, y que en nuestra opinión retrata esa realidad innegable. Dice alguien: “¡Mejor que otro ser humano, sólo aquel que está exento de defecar!