La violencia de género, ¡no debe ser tema de campaña!

Por Carlos Luis Baron sábado 18 de febrero, 2012

La verdad es que, a todos estos políticos de nuevo cuño les gusta el tratar de tomarle siempre el pelo a la población, habándole sobre cualquier cosa que pueda llamar la atención, o de promesas sin fundamentos de ningún tipo, durante las aguerridas campañas electorales. Todo se quiere llevar al contexto del hervidero político, y sancocharlo dentro de la misma olla de presión; aquella de las falsas promesas y de las soluciones aéreas, en que se depositan todos los ofrecimientos proselitistas, que luego de pasados los comicios, se convierten en las hojas muertas y caídas del árbol llamado “demagogia”, las cuales arrastran los vientos, y el tiempo las hace desaparecer.

Hay temáticas que, por sus intríngulis, importancia y trascendencia social, no se deben de tratar en el marco de ningún proceso de tipo político eleccionario; pues, son cosas que envuelven asuntos muy delicados, que se está en la obligación de ponderarles y ponerles el frente de manera sosegada; abordarles con la seriedad y firmezas debidas, a los fines de poder decidir sobre la adopción de medidas correctivas inmediatas, o procurar soluciones definitivas, que son características o condiciones que nunca se podrían lograr dentro del ámbito de la política competitiva; y menos comercializada, como lo es en el caso nuestro.

Eso, que se puede considerar ya como un flagelo nacional de alta peligrosidad, y que se refiere a la práctica in crescendo de los llamados femenicidios, la violencia de género, e intrafamiliar, no se puede estar mezclando con retóricas acomodadas, y esas sandeces que, de ordinario se estilan en medio de las campañas politiqueras que nos gastamos los dominicanos, en las que rigen mayormente los intereses personales y partidaristas.

Ese es un tema bastante delicado, y que tiene muchas aristas por donde cortar, para querer venir a envolverlo ahora en esta vorágine de parloteos proselitistas; precisamente, porque se sabe muy bien que preocupa a la ciudadanía, y que llama la atención; por lo que, lógicamente, se trata de utilizar como herramienta mercadológica oportunista.

Y porqué los candidatos a la Vicepresidencia de la República, pertenecientes a los estimados partidos mayoritarios en el país, que de repente han sacado a relucir ese tema en el debate de la campaña, y sus aprestos politiqueros, según apareció como noticia de primera plana en el periódico “El Día”, edición del 13-2-12, no se inclinan mejor por referirse de manera directa a la razones que se encuentran en la base misma del problema; y decirle a la población cómo cada uno de ellos trataría de enfrentarlas desde esa alta posición, en el caso de lograr alcanzarla.

Claro, se tendría que hablar por supuesto de: la degeneración familiar que se verifica (concienciación), el concurso obligado de las iglesias, que no se tiene, la educación requerida faltante, el combate real y efectivo a las drogas, como a la corrupción estatal, muy cuestionables ambos hoy; y, hasta de tratar de disminuir la funesta intención de competitividad total entre géneros. ¡Esas, todas!, son de las raíces en las que sustenta dicho mal, y que producen efectos en cadena.

No es cuestión de planteamientos retóricos, y bla, bla, bla, incluyendo dizque la firma de un llamado “Pacto Nacional para la Erradicación de la Violencia de Género”; ¿pacto para qué? ¡Que no traten de agarrar el rábano por las hojas!, como se dice. (Véase periódico “Diario Libre”, del 16-2-12, página 17).

Evidentemente, sobre lo que más conviene hablar en estos tiempos, a sabiendas de nada se va a hacer, es de los femenicidios y la violencia de género, en términos muy generalizados. ¿Qué se logrará con eso?, ¡nada!, que no sea seguir lloviendo sobre mojado, y mercadearse los actores políticamente.

Luego, con todo el respeto que nos merecen esos candidatos que se han inclinado por tal iniciativa, lo más aconsejable sería que, dejen para otros momentos y circunstancias el tratar sobre esa situación, ya que reiteramos, ese es un tema muy delicado e importante para el país, que no merece ser pincelado con ribetes emotivos y políticos de temporada. Además, que se tenga presente, el que aquí todavía queda gente que piensa un “chin”, para estar poniendo su atención en ese caramelo sin sabor de campaña