La violencia necesita de un compromiso social que la frene

Por Carlos Luis Baron miércoles 14 de marzo, 2012

El país necesita darse un respiro permanente frente a la situación de violencia que viven los dominicanos y que tristemente se acrecienta cada momento. La sociedad no resiste un hecho más de agresión, ni de sangre. Hay que frenar el problema de la violencia y se necesita de un compromiso social que la detenga. Si no se hace algo, las futuras generaciones aprenderán a ser agresivos y será difícil desenquistar el mal. No perdamos el tiempo para cambiar esa dolorosa realidad, luego podría ser demasiado tarde.

Para frenar ese mal es hora de una intervención inteligente que modifique esa infernal conducta que se encuentra enquistada en la estructura emocional y que se puede atribuir a factores ambientales y de herencia genética.

La violencia es un componente de la estructura emocional del ser humano. No existe un ser humano, o animal, que no haya experimentado un comportamiento agresivo en algún momento. La diferencia entre un violento, y uno que se controla, es saber manejar los arranques de iras que llevan a la persona a ser agresivo compulsivo.

Enseñarle a una persona cómo controlar el estado emocional que estimula en él la violencia no es cuestión de artículos, ni de charlas, únicamente, ya que por lo regular las personas violentas no suelen participar de esos espacios o medios debido a su propia condición detonante frente a situaciones que le estimulen. Hay que implementar planes y programas continuados e integrales de formación, terapias grupales e individuales, entre otros métodos terapéuticos, que enseñen a la población a equilibrar la parte detonante de la violencia.

Debemos analizar a fondo la situación y se necesita de los profesionales de la conducta humana: psicólogos y psiquiatras. También de otras áreas: educadores, sociólogos, médicos generales y toda la población, para detener el mal. Se han hecho investigaciones sobre los factores que influyen en una conducta violenta respecto a si es aprendida y heredada; podemos apoyarnos en esos estudios para determinar verdaderamente las causas de lo que le está sucediendo a la sociedad dominicana.

La conducta es toda reacción global del sujeto frente a las diferentes situaciones. Toda conducta es una comunicación, que a su vez provoca una respuesta. La manera en que los seres humanos hacemos o dejamos de hacer cosas: hablar, reírse, llorar, pensar, entristecerse, ser agresivos, pacíficos, en fin, asumir una determinada actitud frente a eventos de la vida en específico es conducta. En ella juegan un papel importante el sistema nervioso, el cual a partir de un hecho especial descarga neuronas que hacen que la persona actúe de distintas maneras.

El ambiente de familia, comunidad y sociedad, en general, son determinantes para que una persona aprenda a ser agresiva, influyendo en ella los aspectos culturales. Desde muy temprano aprendemos a expresar los enojos siguiendo el modelo de nuestros padres. Cuando se crece en un hogar donde los padres resuelven sus diferencias de manera hostil (peleando) algunos de los miembros aprenden a reaccionar de la misma manera.

La comunidad, es otro detonante de violencia, sobre todo cuando se vive en condición de hacinamiento y el irrespeto a las normas de convivencia pacífica se profundiza por la contaminación visual, auditiva y ambiental. Los medios de comunicación televisivos, radiales y escritos que muestran contenido apartado de protocolos reguladores de imágenes y expresiones que condicionan a los consumidores a ser violentos.

En lo social, cuando los deseos de anhelo y esperanza de desarrollo se ven socavadas por falsas promesas de parte de las autoridades, también se estimula a la violencia. Una sociedad que no dé respuesta a los servicios sociales, es una caja llena de detonantes potenciales que llevan a la población a vivir en un estado de estrés inmanejable dando paso a la violencia.

Por ejemplo, la inequidad económica, el desempleo, la baja inversión en la educación, la no asistencia en salud pública, la falta de energía eléctrica, la escases de agua potable, la inseguridad ciudadana, la corrupción administrativa y la injusticia del poder judicial, el fanatismo político y el maltrato de los cuerpos militares a la población, todos esos problemas son detonantes activos de violencia.

En cuanto a la herencia genética, hay investigaciones que plantean que la violencia también se manifiesta orgánicamente como una actividad del cuerpo donde los órganos que se componen por tejidos y a la vez por células que se ven influidos por el núcleo celular de estas; en ellos está la memoria celular de nuestros antepasados. Si un familiar es o fue violento, existe la probabilidad de que las futuras descendencia de esa persona lo sean.

El núcleo celular tiene tres funciones primarias relacionadas con el ADN (Acido Desoxirribonucleico)-Genes, que son las funciones de almacenar información en el ADN, recuperar información en el ADN de cada órgano, ejecutar, dirigir y regular las actividades a través de los genes. Es un proceso mediante el cual las células de los órganos vitales de cada persona guardan en sí el historial individual. En ese historial se encuentran “las huellas genéticas” de nuestros antepasados agresivos o no agresivos.

Viendo la parte ambiental y herencia genética se trata de un problema complejo que por su naturaleza debe ser analizado seriamente por todos y todas, en especial, por quienes nos sentimos comprometidos por la salud mental, así como por otras áreas del saber, para que juntos observemos los factores que causan la violencia y tomemos en serio que para frenarla es necesario un compromiso social. Deben participar en el compromiso social de forma activa las Universidades, Ministerios de Educación, Salud Pública, ONG, Medios de Comunicación, entre otros. Ojalá no sea tarde para poner a raya a la violencia.

Psicólogo Clínico