La violencia original

Por Carlos Luis Baron martes 25 de diciembre, 2012

“Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado libre, no se violará el derecho del pueblo de poseer y portar armas”. Esto dice el Bill of Rights o Carta de Derechos del pueblo americano. Un texto en consonancia con los intereses de la sociedad existente hace dos cientos años.

Las dificultades vienen al interpretar el texto de esta “segunda enmienda”. Y cada cual lo hace a su manera y conveniencia aparente.

Sharon Angle, del Tea Party, felizmente derrotada en Noviembre 2010 pretendiendo una Senaduría de Nevada, nos regaló esta joya de discurso durante su campaña: "si el Congreso sigue actuando de esta manera, la gente va a tener que buscar remedios en la Segunda Enmienda".

Escasamente dos meses después, en Tucson, 18 personas resultaron heridas, seis murieron y una de ellas, la congresista demócrata Gabriela Gifford sufrió daños permanentes que troncharon su carrera política.

La conexión entre el discurso terrorista de la fallida senadora Angle y los acontecimientos de Tucson y su secuela de Newtown, es mas que evidente.

Con un panorama de tradicionalidad en el uso de las armas para “autodefensa” y un “Tea Party” con tanto poder legal, resulta cuesta arriba lograr una solución definitiva al acceso a armas de fuego por parte de la población civil.

El objetivo progresista en esta lucha por detener la barbarie, hoy simbolizada en Newtown, debe ser la aplicación gradual de medidas que impidan y regulen el armamento de civiles.

Dar marcha atrás, hasta 1992, sería una buena meta en materia de control. Y acompañarlo con una legislación que iguale los raseros en todos los estados, en el procedimiento para conceder licencia de tenencia y porte de armas de fuego, es seguro que eliminaría esos intersticios legales que permiten el tráfico de éstas entre estados.

Agregar un seguro de responsabilidad civil al costo de un arma, podría desincentivar el deseo de adquirirla. Y si además se endurecen las penas, con cárcel y multa para los violadores, creo que lograríamos un clima mas propicio para imponer el imperio de la ley.

En lo relativo a las armas de asalto, de ninguna manera puede transigirse con su comercialización entre ciudadanos civiles.

Desde luego que aquí es donde está el gran problema. Hay que tumbarle el pulso al Tea Party y la Asociación Nacional del Rifle, que son la avanzada política y social de los fabricantes y grandes mayoristas de armamentos.

Enfrentar estos dos colosos no parece una empresa fácil, pero no es imposible. Muchas son las ventajas que tenemos en este momento, especialmente la opinión pública que indignada, no aceptará impávida, otra matanza como la de Newtown.

Vivimos, seguiremos disparando.