Languidece cada vez más la fuente de la dominicanidad

Por Carlos Luis Baron martes 21 de febrero, 2012

Tanto la tecnología moderna mal asimilada, la penetración cultural desmedida, y la falta de un sistema educativo concienciador, dispuesto para las grandes mayorías nacionales, han venido provocando efectos desastrosos en la capacidad de raciocinio de la juventud del país, principalmente, casi robotizada por completo; al tiempo de ir abonando de manera sostenida la tierra, para el crecimiento rápido de la falta de identidad patriótica que en presente se verifica.

Es lamentable el tener que reparar con la debida atención, sobre como la idiosincrasia de los dominicanos se ha ido perdiendo con el paso de los años, al extremo que, hasta el amor por su música autóctona, el respeto por la bandera, y el signo monetario del país, que son de los símbolos principales que identifican a cualquier nación organizada, se han tirado por la borda; han dejando de prevalecer aquí.

Ya de lo nacional propiamente, es muy poco lo que se respira, como se diría en el argot popular. El acervo cultural de los dominicanos se ha ido dejando de lado, para dar paso a los ritmos extranjeros metálicos y sincopados; a prácticas y celebraciones insulsas en su mayoría, importadas de otras latitudes, cuyos orígenes reales desconoce en muchos casos un gran segmento de la población que participa de esas; aunque evidentemente, sí que se dejan conducir por la magia inductora del mercadeo moderno, en que se resalta la vigencia de aquellas, pero siempre en el contexto del esnobismo comercializado actual.

Es por ello que, tantos en este país se limitan a decir, cuando alguien cuestiona sobre las razones para celebrar determinados actos; la utilización de ciertos vestuarios y prendas decorativas; como, los tatuajes corporales que se estilan, ¡yo no sé!, porque es lo que estás de moda; actuando siempre como inválidos mentales, sin personalidad definida; que se dejan arrastrar tal cual animales con un “narigón”, atados a una soga, para halarlos.

Claro, en los comportamientos juveniles inadecuados nuestros que se hoy se observan, no solamente vienen incidiendo la tecnología moderna y la penetración cultural en curso, sino también el tráfico y consumo de sustancias alucinógenas; al igual que, el diseños de los nuevos patrones o paradigmas de orden político alienantes, con un propósito claramente definido, preservar posiciones de Estado, y salvaguardar intereses económicos particulares.

Es una lástima que así sea. Pero, ¡es lo que hay!, sólo combatible con acciones y actitudes de concienciación ciudadana; de orden educativo en sentido general. ¿Cuándo llegarán?; ¡difícil!, el poder precisarlo.

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