Las prioridades de Michel Martelly II

Por Carlos Luis Baron martes 27 de marzo, 2012

En la primera parte de esta serie de artículos sobre la democracia y las prioridades del presidente Michel Martelly, hicimos hincapié referente a lo que era recomendable, en una primera instancia enfrentar en el contexto actual de la política haitiana, cuanto menos desde el punto de vista programático o de agenda presidencial y gubernamental. Ahora nos proponemos dilucidar un poco más detalladamente, lo que podrían ser las prioridades del actual mandatario de la nación haitiana.

El hecho de que el presidente Michel Martelly no sea un político de carrera, no quiere decir que necesariamente vaya a llevar a cabo un gobierno de fiasco político y administrativo. Tampoco tiene obligatoriamente que seguir la tradición de sus antecesores que han fallado en resolver los problemas básicos del pueblo haitiano.

Si le faltan experiencia o saber político y administrativo, lo recomendable es que tenga, por una parte, buena asesoría y consejería y, por otra parte, un corazón recto, justo y bueno , así como lo tuvo el rey David , en la Biblia, para gobernar para gobernar de manera verdaderamente justo, equitativa, democrática, según la voluntad de Dios con el propósito de así cumplir cabalmente con las expectativas, las esperanzas, los anhelos, las necesidades y las prioridades de la nación toda; y además, deberá contar con los medios para alcanzar sus objetivos con miras a una buena gestión de gobierno.

Al escoger un equipo de trabajo serio, sin mancha, inteligente, fiel y cumplidor y usando todos los mejores recursos humanos a su disposición y a su alcance con las mejores opciones, sin el partidarismo clientelista de rigor usualmente en nuestros predios y contar así mismo, con las facilidades económicas nacionales e internacionales necesarios e indispensables para llevar a cabo sus deberes como presidente, Martelly podrá más fácilmente a corto y a mediano plazo afrentar los problemas básicos que aquejan a la población. Y ya a largo plazo así mismo tendrá la oportunidad de fomentar una política de cambios. Es decir, echadas las bases de una nueva república, con una sólida infraestructura política y socio-económica, impulsará un futuro prometedor, con un arranque hacia mayor bienestar y la perspectiva de una modernización de Haití, la cual proyecto, dicho sea de paso es perfectamente posible.

No obstante y aún con esos planteamientos y a pesar de esas disyuntivas, queda un punto que es difícil de obviar para un país como Haití que ha sufrido en carne propia tantas contradicciones contra sí misma. Y el punto en cuestión trata de la administración y de la repartición de la justicia. En efecto, echar cualquier base con proyectos serios, sin resolver el problema pendiente de la justicia y eso, con verdadera imparcialidad, no será sólo un asunto difícil, sino una empresa ardua, verdaderamente titánica e inextricable. Porque se debe, y es un deber, enfrentar ese pasado, incluso reciente, de injusticias y atropellos locales tan evidentes y tan abrumadoramente despiadados y arbitrarios ( golpes de estados, asesinato políticos en serie, matanzas tras matanzas, robos, defalco, exclusión social de muchos, incluso de personas blanco del oficialismo, censuras oficiales y oficiosas agudizamiento del estado de pobreza de las grandes mayorías, control y eliminación de la oposición con participación directa de fuerzas extranjeras, ocupación de Haití, privatización descabellada , monstruosa y mano militari del patrimonio estatal nacional, violación de los derechos humanos, desaparición y asesinatos de periodistas, injerencias e intervenciones permanentes y descaradas ( etc…) para citar esos solos puntos y aspectos porque no mencionamos aquí por ejemplo, los aspectos ideológicos y neocoloniales. Eso decimos porque, el expediente de la justicia en Haití, como en cualquier otro país latino americano que fueron saqueados, martirizados, tan profundamente traumatizados, marcados y heridos por las hordas de las dictaduras, férreas o suaves, no se resuelve con un borrón y cuenta nueva. Dios es Testigo.

A título de ejemplo, el profesor Juan Bosch nunca pudo volver a gobernar después del asesinato de las aspiraciones democráticas del pueblo dominicano que fueron cegadas con el golpe de estado contra su gobierno constitucional en el año 1963. Lo mismo, o algo parecido, ocurrió con Jean Bertrand Aristide, quien sufrió dos golpes de estados de parte de las mismas fuerzas antidemocráticas ¿ Y que ha sucedido ?

Tanto en el caso del profesor Juan Bosch o él del doctor Jean Bertrand Aristide, asistimos a golpes clásicos instrumentalizados para frustrar las esperanzas democráticas populares (no populistas), y establecer otra cosa con el famoso borrón y cuenta nueva.

Para así borrar de la mente tanto el modelo como la figura, transformándola en algo obsoleto, inservible, como personajes o personeros políticos que se dejan ahí, en la arena política sólo para figurear, jugar el papel. El caso se ha repetido prácticamente en toda América Latina y en África excepto cuba. Y no puede ser una coincidencia, claro.

Así que, el expediente de la justicia, y de la recuperación de la misma, es importantísicimo. Es indispensable para Haití. Pero no de la forma que se practicó contra el ex presidente Jorge Blanco. Sino de manera equitativa y justa. Unos de los mayores peligros para la gestión ejemplar de Martelly, es pues y precisamente el aclimatarse y colarse en el molde de que encontró, conformarse con el modelo existente, inoperante de sobras. Porque sabemos que ha fracasado rotundamente y lo único que produce es más de lo mismo. Administrar un país, requiere también dinamismo para aquel que esta efectivamente en el mando. El que esta fuera. El que no esta en el mando real y efectivamente, puede aconsejar y dedicarse a lo que le gusta o le interesa. Hasta que Dios quiera.

Esas aseveraciones y consideraciones las cuales pienso que son útiles de alguna manera, las hago de forma voluntaria pensando en el bien del pueblo haitiano y su felicidad.