Le invito a ser un tonto

Por Carlos Luis Baron lunes 23 de julio, 2012

La más criticadas de las actividades humanas, es sin duda la actividad política. Mas que la prostitución e incluso que el narcotráfico.  A los políticos se les confiere el don de la divinidad o de lo satánico para decirlo de alguna manera. Cuando reúnen la capacidad de engendrar esperanzas o cuando explotan la posibilidad de encarar algún problema que afecta a una localidad, los políticos se convierten en ángeles divinos.

Cuando por cualquier razón no pueden o no quieren, enfrentar determinadas situaciones del quehacer social o de la simple apetencia o capricho de alguien, entonces se convierten en seres satánicos, despreciables que debieran desaparecer de la faz de la tierra.

Las inconductas de muchos políticos, opaca, gracias al cacareo interesado de diversos sectores y de otros políticos, la labor desinteresada e integra de la mayoría de los de esta especie que dedican sus vidas, bienes y energías al servicio del bien común, sacrificando la mayoría de las veces a sus propias familias, para garantizar protección a las familias de los demás.

Existe en toda sociedad y la nuestra no es la acepción personas de malas calañas que mal actúan en perjuicio de la sociedad. Tenemos médicos inescrupulosos que por dinero traicionan el juramento hipocrático, abogados perversos que retuercen las leyes para ponerla derecha a sus intereses particulares, ingenieros que sobrevaluan y abultan presupuestos para beneficiarse en perjuicio de quienes les confían sus inversiones, de igual modo tenemos curas que violentan sus votos de castidad y de pobreza.

Empresarios evasores los hay, policías y militares que abusan de su poder para subyugar a quienes les pagan y mantienen con el pago de impuestos. De todo tenemos en esta viña. 

La diferencia con los políticos es que, la sociedad lo considera propiedad pública, porque eso es lo que somos, pero también porque somos la única especie que denuncia sus pecados en las críticas a sus iguales. Cuando han escuchado decirle un periodista a otro extorsionador. O a un cura pedófilo a otro., ni a un empresario vocearle a su competidor evasor. Jamás, solo los políticos tenemos esa debilidad de denunciar la paja en el ojo ajeno, para ocultar la viga en el nuestro. 

Los médicos éticos proceden aislando a los médicos malos hasta que los dejan sin paciente. La iglesia excomulga a sus farsantes cuando se hacen públicas sus fechorías, los empresarios aconsejan en privado  a sus colegas con la expresión “hermano usted nos va a dañar el negocio a todos”.

La política es empleada de manera ética va en busca del poder para el bien común y los políticos éticos son acusados de tontos por los curas, empresarios, abogados, médicos, comerciantes, etc.  que  acuden  a ellos a presentar sus propuestas indecentes.

Los políticos que caen en ese juego, son acusados por ellos mismos de corruptos, de ladrones y muchos llegan al desparpajo de alegar que si a “fulano de la hacen esto, vamos a decir todo cuanto sabemos de mengano” y así la complicidad lo envuelve todo.

Es el dilema que se le presenta a nuestra gente  cuando es invitada a ser parte de un partido político o a ocupar una función pública es para que se van exponer a ser desconsiderados, si  ni la propia familia le creerá que actúas por deber patriótico.  Es una tarea pendiente que tenemos que encarar de inmediato, pues si la gente con sentido de responsabilidad cívica rehúsa al ejercicio de la política militante, entonces continuaran ocupado los estamentos necesarios para brindar los buenos ejemplos, los  podridos  e inescrupulosos se eternizaran con sus prácticas perversas, resultando más perjudicada la misma gente decente que se niega a ponerle el punto final a una situación que amenaza con llevarse la nación que precisamente políticos éticos nos legaron.

Si tiene usted sensibilidad social, quiere contribuir con un mejor país y está dispuesto a no buscar en la actividad política la solución a sus problemas individuales, entonces le invito a integrarse al Partido de los Trabajadores Dominicanos, PTD, y le prometo entregarle su diploma de tonto, ya que  el pueblo dominicano será quien le reconocerá como honrado.

 ¡Atrévase, acompáñenos, siéntase orgullo de ser un tonto!

 ¡Con más tontos, la patria será mejor!

El autor es catedrático universitario y dirigente del PTD.