Leonel + Hipólito = Liderazgo imposible

Por Carlos Luis Baron lunes 23 de enero, 2012

Una tarde estando en la Librería Cuesta me encontré con unos jóvenes que estaban consultando el libro de liderazgo de nuestra autoría titulado: Claves para el liderazgo eficaz –marketing político y campañas electorales-. Duramos un buen rato conversando sobre la importancia del uso adecuado de las emociones para lograr la persuasión de los votantes, y uno de los muchachos me preguntó: Profesor, ¿usted se imagina si apareciera un líder que tuviera la inteligencia de Leonel Fernández y la carga emocional de Hipólito Mejía? Ese sería el liderazgo ideal. De inmediato le contesté: Leonel + Hipólito = Liderazgo imposible. No es posible conjugar en una misma persona la carga emocional de Hipólito Mejía con la inteligencia de Leonel Fernández Reyna.

¿Explíqueme la ecuación? Me expresó el estudiante.

Le respondí del modo siguiente:

Hipólito Mejía es una carga emocional muy fuerte. A veces deja entrever inclusive, como si manejara las emociones de manera inconsciente. Hipólito sólo sabe comportarse de manera emocional. Cuando es necesario activar las neuronas cerebrales que mueven a la razón, él sigue emocionalmente encendido. Pienso que Hipólito es noventa por ciento emocional y sólo diez por ciento racional.

En el caso de Leonel Fernández opera del modo siguiente:

Es racional y emocional a la vez. Utiliza de manera consciente tanto la razón como la emoción. O sea que Leonel es racional cuando las circunstancias lo exigen, y es emocional cuando las circunstancias lo ameritan. Recurre a la razón y a la emoción con sentido de equilibrio.

Leonel administra de manera racional tanto la emoción como la razón, pero Hipólito Mejía no. Este último expresa demasiada emoción. No la administra, no la controla, pero percibo que tampoco ha realizado ejercicios y esfuerzos para lucir más racional. Los asesores de Hipólito Mejía debieran por lo menos una vez a la semana ponerlo a dar una charla, aunque sea en un colegio para que aprenda a transmitir ideas con serenidad, moderación y equilibrio.

Daniel Goleman y otros en su obra El líder resonante crea más (2009, p.62) señala que “los líderes emocionalmente inconscientes de sí mismos, por el contrario no se dan cuenta de sus emociones y pierden fácilmente los estribos. La conciencia de uno mismo también desempeña un papel fundamental en la empatía, es decir, en la capacidad de experimentar lo que otra persona siente en una determinada situación. Difícilmente podrá conectar alguien con lo que otra persona está sintiendo si no es consciente de sus propios sentimientos.”

Considero que Leonel se ha tallado como un liderazgo extraordinario, en parte porque ha trabajado duro con el objetivo de fortalecer su personalidad tanto en lo racional como en lo emocional. Ha sido metódico al respecto, a diferencia de Hipólito Mejía que vive sumergido en un pragmatismo cotidiano, y que es menos dado a los ensayos y ejercicios académicos.

Leonel cada día se ha vuelto más culto, mejor formado, pero a la vez su permanencia en el poder, les ha convertido en un liderazgo con sentido humano en potencia. Goleman (2009, p.70) aduce que la inteligencia emocional tiene cuatro competencias: conciencia de sí mismos, autogestión, conciencia social y gestión de las relaciones, y que estas no son innatas, sino mas bien, habilidades aprendidas. Eso significa que los líderes deben ser formados.

Un elemento interesante acotado por Goleman (p.71), y que debe ser bien ponderado por los líderes y aspirantes a líderes en la República Dominicana, es que según los estudios realizados, “ningún líder, por más sobresaliente que fuese, que dominase todas y cada una de las competencias de la inteligencia emocional. Los más eficaces de ellos suelen poseer una masa crítica de una docena aproximada de competencias. Tampoco existe, además, ninguna fórmula fija para el liderazgo excelente, ya que existen muchos caminos que conducen a él y que los mejores líderes pueden presentar estilos personales muy diferentes. Digamos, por último, que los líderes eficaces poseen al menos una competencia de cada uno de los cuatro dominios fundamentales de la inteligencia emocional.”

Los liderazgos conscientes de sí mismos conocen sus fortalezas y debilidades. Conocen sus valores, sus objetivos y sus expectativas. Saben muy bien cuándo actúan correctamente y cuando se equivocan. Los líderes con esta cualidad viven en un proceso de transformación positiva, aprenden de sus errores.

Los líderes que poseen la competencia emocional de la autogestión, por lo regular tienen autocontrol emocional, transparencia, adaptabilidad, logro, iniciativa y optimismo. La competencia social trae consigo: empatía, conciencia de la organización y servicio. Por último, Goleman (p.73) aduce que los líderes portadores de la cualidad emocional de gestión de las relaciones, tienen inspiración, influencia, procuran el desarrollo de los demás, catalizan el cambio, gestionan de manera eficaz los conflictos, cultivan buenas relaciones y hacen trabajo en equipo.

Los liderazgos de Hipólito Mejía y Leonel Fernández representan dos mundos distintos. Cuando Leonel gobierna crece el capital social, porque estimula la organización social y crea mecanismos para que la sociedad civil y el gobierno cohabiten.

Leonel ejerce una gestión socialmente responsable con un modo de pensar solidario que busca la construcción y el cuidado del capital social. Leonel es capaz de lograr salidas creativas e innovadoras en un clima de ansiedad y confrontación

Hipólito Mejía, por el contrario, encarna un individualismo que promueve la exclusión de lo social del aparato político, y a la vez genera enfrentamientos. Hipólito como gobernante se caracterizó por tomar las decisiones con una visión pragmática despojada de valores.

Hipólito y Leonel debido a los atributos de las competencias emocionales y racionales que poseen, califican para ser tomados como dos modelos para el aprendizaje y formación de los futuros líderes dominicanos. Es importante acotar que la razón y la emoción no son contrapuestas. Las emociones bien enfocadas y debidamente controladas forman parte de la razón.