LF: más ficción que realidad

Por Carlos Luis Baron martes 28 de febrero, 2012

El discurso pronunciado por el presidente de la República este 27 de febrero, en su comparecencia en la Asamblea Nacional, se caracteriza por tener más ficción que realidad.

Podemos decir que la ficción no es más que la simulación de la realidad que realizan las obras literarias, cinematográficas, historietísticas o de otro tipo, cuando presentan un mundo imaginario al receptor.

El término procede del latín fictus (“fingido”, “inventado”), participio del verbo fingere.

La ficción es la acción y efecto de fingir (dar existencia a algo que no lo tiene en el mundo real). En este sentido, una ficción es una cosa fingida o una invención.

Mientras que la realidad es el conjunto de las cosas existentes, como así también a las relaciones que estas mantienen entre sí.

Fuimos muchos los que observamos cómo Leonel Fernández, como lo ha hecho siempre, violó el artículo 114 de nuestra Constitución, que establece la responsabilidad del presidente de la República de rendir cuentas anualmente, ante el Congreso Nacional, de la administración presupuestaria, financiera y de gestión ocurrida en el año anterior, según lo establece el artículo 128, numeral 2, literal f) de esta Constitución, acompañada de un mensaje explicativo de las proyecciones macroeconómicas y fiscales, los resultados económicos, financieros y sociales esperados y las principales prioridades que el gobierno se propone ejecutar dentro de la Ley de Presupuesto General del Estado aprobada para el año en curso.

Y en vez de respetar nuestra Carta Magna, lo que hizo Leonel Fernández fue aprovecharse de su comparecencia en el Congreso para comparar, tal y como los hizo en sus anteriores 7 comparecencias, sus ocho desastrosos años de gobierno con la gestión presidencial que encabezó Hipólito Mejía, claro está, en franca violación al artículo ya citado.

Lo que observamos fue una comparecencia eminentemente politiquera,, sobre todo, electorera y hasta vergonzosa, que en modo alguno satisfizo las expectativas de los sectores nacionales, sobre todo, de los más empobrecidos y necesitados.

Con este penoso discurso se pone de manifiesto, una vez más, la enorme miseria institucional existente en nuestro país cuando a un presidente se le ocurre, en plena Asamblea Nacional, jugar con la miseria y con la dignidad de nuestra nación, tal y como lo hizo Leonel Fernández.

Da pena ver a un presidente destacando un crecimiento de la economía que no ha sido capaz de ayudar en modo alguno en el alivio y mejoría de una población que ha sentido en carne propia el látigo de la presente crisis.

No está demás precisar que hasta muchos dirigentes empresariales del país han establecido que esta comparecencia no fue una rendición de cuentas sino una alocución política, por sus continuas comparaciones con el periodo gubernamental 2000-2004.

En fin, lo de Leonel Fernández, como siempre, ha sido no sólo más de lo mismo, sino más ficción que realidad.