Linchamientos, no

Por Carlos Luis Baron lunes 4 de junio, 2012

El Oeste norteamericano se tornó salvaje, entre la fantasía y la realidad, cuando surgieron los linchamientos. La justicia por las manos de los que decían eran víctimas. Sólo la llegada del imperio de la ley, salvó esa situación.

Era tierra de conquistas. Se conculcaron los derechos de las mayorías étnicas, como los indios, los mexicanos y los neros, y se dio paso al establecimiento de un gran imperio.

Pero la parte de los linchamientos es lo interesante para esta ocasión.

El respeto a los derechos humanos es sacrosanto. Para que se haga justicia, debe haber juicio oral, público y contradictorio. Ahora, cuando un ladrón enfrenta a la autoridad, al ser sorprendido en la comisión del delito, se justifica el intercambio de disparos.

El lichamiento por parte de sectores civiles es preocupante. Puede llevar a que al simple grito de un ladrón, una turba se lance a matar a cualquier ciudadano. Ya se han dado en la Capital confusiones lamentables de personas acusadas de ladrones, que no lo son.

Si falla en ocasiones el veredicto de un juez, que escucha a todas las partes y observa las pruebas, mucha más está llamada a cometer injusticias la voz callejera, que en son de venganza reclama muerte.

Siempre en mi ejercicio periodístico he sido un defensor de los derechos humanos y de las libertades públicas. Por esta razón, nos oponemos a los linchamientos. Nadie se puede tomar la justicia por sus manos.

De persistir esta situación, se caerá en la barbarie, donde cada cual será juez y verdugo.Todo hombre es inocente hasta que se le pruebe su culpabilidad en juicio oral, público y contradictorio. Si de boca, o señalamiento callejeros, comenzamos a matar gente, el país se irá a la barbarie.

En las revoluciones, muere tanta gente en los combates, como en el aprovechamiento para veganzas personales. En los linchamientos, nunca se sabrá si hay venganza o deseo de justicia.

Si la justicia falla, hay que fortalecerla. Si la policía no hace su deber, es hora de depurarla. Pero no se puede permitir un linchamiento más.

Todo el que participa en un linchamiento fuera de los tribunales, debe ser sometido a la justicia y pagar por su crimen.

Cuando un agente policial participa en un intercambio de disparos que deja muertos, lo rechazamos. Pero cuando una turba de civiles quiere hacer justicia por sus manos, también lo rechazamos Defendemos la justicia y la civilización.