¡Linda superficialidad!; los impagos en la energía eléctrica tienen sus razones

Por Carlos Luis Baron domingo 24 de junio, 2012

A nosotros los dominicanos, siempre nos gusta andar “tomando el rábano por las hojas”, como reza un dicho popular. En el Ed., del periódico “Diario Libre”, en su edición de fecha 22-6-12, aparece una “genial” pregunta, asociada con la denominada cultura de derechos, que merece respuestas precisas, como de amplios comentarios: ¿Quién fue el que dijo que no había que pagar la luz?

¡Hermosa interrogante!, con bastante tela por donde cortar, cuando se intente responder con objetividad. Aunque, el mismo suscribiente le acoteja la suya, como se dice; se autocontesta. Pero, como se puede advertir, con una simpleza acorde a su planteada inquietud. Dice el mismo, “Si usted le entregan una hora de luz, eso debe pagar. No pagarla, es un robo igual a cualquier otro”. ¡Magnífico parecer, siempre y cuando el cobro fuera en buena lid!, cabría agregar.

¡Linda superficialidad!, justificativa, para que la ciudadanía honre ese tipo de compromiso, con suficiente matiz inductor incluido. Además, con cierta intención cobertora de las responsabilidades con las que el otro sector debe cumplir, y no lo hace.

A juicio del redactor periodístico de la opinión, no hay razones para no pagar la luz servida, y consumida por supuesto. Entiende, que el no hacerlo, constituye un robo como otro cualquiera. Nadie que se considere serio y honesto, podría estar en contra de esa concepción externada, diríamos nosotros.

Pero, también es algo muy procedente y comprensible a la vez en torno a ese asunto, el que la Ley General de Electricidad, en términos de efectiva aplicación, no sólo debe regir para un lado nada más, el de los considerados pendejos ciudadanos, al parecer, que siempre tienen que aceptar de buena gana lo que se les quiera cobrar por el servicio, no lo que en realidad se corresponda, según la normativa; y, la forma medalaganaria en que se haga.

Tampoco es de justicia, el que esos tengan que soportar además, los maltratos y las vejaciones provenientes de algunos de los encopetados serviles de las distribuidoras que participan en el jugoso negocio eléctrico nacional, cuando alguien trata de reclamar ante ellos sus derechos a recibir un eficiente servicio, facturado oportunamente, en base a un cobro justo y equitativo.

La ciudadanía tiene que pagar por una hora de luz que reciba, según se expone ¡Eso es muy cierto! No obstante ocurre que, cuando el servicio se ofrece en muchos casos por ese tiempo, a veces hasta malísimo, se cobra por dos o tres horas, sin que el usuario pueda elevar ningún tipo de reclamación que prospere.

Ni siquiera ante el denominado PROTECON, que no es más que un elefante blanco tal parece, creado solamente para “apantallar”, y como fuente de empleos múltiples para políticos. Los precedentes sobran. Ahí, es muy poco lo que se suele resolver, cuando se acude en procura de ayuda y protección. La mayoría de los llamados técnicos que laboran para esa entidad, lucen como empleados de las distribuidoras, más que otra cosa.

Ahora, el asunto se ha tornado peor para los consumidores, ya que esas altruistas últimas mencionadas, con el beneplácito del redentor de turno en la CDEEE, digno representante de su sector privado, que sólo aboga por los aumentos abusivos en la tarifa eléctrica, como por procurar seguir endeudando al país, para pagar las deudas acumuladas a sus generadores (que importante sería, el que se publicaran los nombres de los que venden la energía eléctrica en esta nación, con tantos “lelos”), han dispuesto la colocación de los medidores de consumo, de forma tal que, los pendejos clientes no puedan leerlos; cuando no, que les sea bien difícil hacerlo; que se les imposibilite determinar a ciencia cierta por lo que se les está cobrando.

Entonces, habría que preguntarle también al formulador de la anterior interrogante que nos ocupa, ¿qué constituye el cobrarles demás, abusivamente, o por error adrede, a los usuarios, que sólo pierden el tiempo al reclamar?; que no tienen en verdad a quien acudir, en el marco de este maridaje político-empresarial, en base al cual se regentea el extorsionador negocio de la energía eléctrica en esta República, sin reparar en la imprescindibilidad de un servicio público básico, como lo es ése. ¡Si el calificativo no es robo también, estaría muy cerca!

En cuanto a los prolongados apagones, el que se produjeran no importaría tanto, siempre y cuando no los cobraran también. O, es que el señor que escribe la opinión que motiva esta exposición, olvida la gran deuda pendiente que tienen las distribuidoras con los usuarios del servicio por energía no servida y cobrada, que en más de una ocasión se ha hecho de público conocimiento, alegándose incapacidad de pago para hacerlo por parte de los deudores – no tienen cuartos suficientes -, en franca violación a lo que manda la Ley General de Electricidad. (Artículo 97, Reglamento de Aplicación, si es aún está vigente).

Y, ¿por qué las llamadas autoridades judiciales nuestras que trabajan con el área, buscando fraudes y sometiendo gente, entre otras cosas, no actúan en consecuencia? O es que, ¿también consideraran las mismas, que la citada normativa legal sólo fue creada para que rija de un lado nada más?

¿Es todo eso que se hace en contra de la población, honradez por parte de los que prestan y cobran el servicio eléctrico a nivel nacional? ¡Valdría más la pena, dudarlo que creerlo!

¿Entonces qué?, en un contexto justiciero y razonable, lo que más existirían aquí, son justificaciones para no querer pagar la luz. Y, no es que en realidad se quiera robar el pago por el servicio; ¡no!, son las circunstancias abusivas que predominan en el sector ¡Dejémonos de demagogias, y medias tintas, y vayámonos al grano del asunto directamente!

Si aquí se ofreciera un servicio eficiente, cobrado con equidad y justicia, como supervisado de la manera debida por los organismos oficiales a cargo; que la gente sintiera que no se le está estafando, que es la concepción generalizada en la población, sin tener a quien recurrir en su defensa, el pueblo en general preferiría pagar por el consumo, y poder disfrutar en todo momento de un servicio imprescindible, como lo es ese de que se trata.

Pero ocurre que, y es lo que se piensa a nivel de amplios sectores ciudadanos del país, documentados en gran medida, sobre una problemática que entienden, difícilmente se podrá resolver, a menos que, no surja en la nación una férrea voluntad política, defensora de los intereses de la población; ya que, el comercio de la energía eléctrica se puso aquí, desaprensivamente, en manos de capitalistas agiotistas, que sólo les importan sus pingue beneficios, al margen de la imprescindibilidad de un servicio público de tal naturaleza, como si se tratara de otro cualquiera.

A propósito del tema, ahora el Congreso Nacional se apresta a convocar al redentor de turno en la CDEEE, para que explique sobre la necesidad de que se apruebe una emisión de bonos, por la friolera suma de US$500 millones, en el marco de la gran eficientización, y significativos aumentos en los cobros por el servicio, que él tanto proclama. Parece que ha habido mucho bla, bla, bla, solamente.

Al ser abordado por la prensa nacional sobre el tema, dice este señor, “que los US$500 millones de bonos no son para esa empresa, sino para subsidiar la tarifa de los consumidores ante los altos precios del petróleo”, que dicho sea de paso, andan de capa caída por el momento. (Véase “Diario Libre”, del 23-6-12, página 13). Pero, como de esperarse, la marcada disminución que se verifica en torno al costo del barril del mismo, aquí no se refleja.

Además, dice el señor vicepresidente ejecutivo de la CDEEE, que de no haber subsidio, a cubrir con el importe del mencionado endeudamiento “bonaril”, la otra opción sería un alza en la tarifa, como algo muy sencillo para él.

¡Que actitud más reprochable!, con todos los efectos derivados que eso último tendría. Cuando además, a juicio de gente muy calificada en la materia, en el país se está pagando la tarifa por ese concepto más alta en toda el área del Caribe, y este señor estaría presto, a procurar que se siga aumentando, si no aprueban la emisión de bonos solicitada. Lamentable forma de pensar de un funcionario publico, ¡“magnifica” salida!

Claro, de lo que él no habla para justificar sus bonos, es sobre los leoninos contratos firmados por el Estado con los agiotistas generadores, y las posibilidades de introducirles las enmiendas requeridas desde hace mucho, en lo que dicho vicepresidente ejecutivo debió haber jugado un papel preponderante; y sin embargo, no lo ha hecho. ¡Evidentemente, eso no conviene al sector que él representa!

Para concluir, una última pregunta que se desprendería con la relación a la interpelación al señor vicepresidente de la CDEEE, por parte de la comisión bicameral congresista que estudia el proyecto de presupuesto complementario sometido por el señor presidente de la República es, si en verdad esos legisladores estarían actuando como representantes de la sociedad, de este pueblo abusado; que no es la norma, sino la de defender siempre intereses políticos de los partidos, como de los grupos patrocinadores; o, simplemente es un allante de transición, para continuar embaucando al país.

Surge la inquietud debido a que, si aquí tuviéramos un verdadero Congreso, defensor de los intereses de las grandes mayorías nacionales, identificado plenamente con el pueblo, ya en este país se hubieran resuelto, hace mucho rato, todos los problemas concernientes a la energía eléctrica, incluyendo los abusos y maltratos en contra de la ciudadanía. Pero, ¡aún persisten en abundancia!

Que copien, los componentes de ese primer poder del Estado nuestro, de los congresistas de otras latitudes, en términos de las decisiones republicanas que adoptan, para que rescaten la imagen pública del mismo. ¡Nunca es tarde cuando se quiere, y por demás se puede!

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