Lo aplaudo, pero con pena y vergüenza

Por Carlos Luis Baron domingo 24 de junio, 2012

Cientos de dominicanos han sido atracados, asaltados, robados o como a usted le resulte más fácil decirlo, cuando llegan a sus hogares o lugar de destino; producto del seguimiento que antisociales le hacen desde que arriban al país por el Aeropuerto Internacional de las Américas José Francisco Peña Gómez.

No sé si en el trayecto de los demás aeropuertos internacionales a los destinos de los que regresan se produce esto, pero de que hace varios años que viene sucediendo en el Aeropuerto Internacional de las América; es un grito desesperado ya.

Personalmente conozco varios casos de personas que fueron asaltadas desmontándose en sus casas por estos delincuentes, y no conozco que se haya resuelto el asunto a ninguno de ellos.

Nadie quiere detenerse ni un segundo durante el trayecto por el temor que la pinta de viajero anunciado por las maletas que se suben en las camionetas activen la persecución de estos delincuentes.

Son cientos las quejas reportadas, que deben estar registradas en la Policía Nacional, denunciando estos robos, y sólo hasta hace uno días, no había oído tomar una medida contundente al respecto.

¿Por qué se toma ahora la medida? Se toma porque el señor Embajador de los Estados Unidos, se quejó, y esa queja es potente y se oye con mucho más fuerza que todos los gritos desesperados que con anterioridad han exclamado los dominicanos asaltados.

Se anunció que: “La Policía y los organismos de seguridad de las Fuerzas Armadas pondrán en ejecución una unidad especial para contrarrestar los atracos contra viajeros. La unidad trabajará durante las 24 horas y protegerá a los viajeros desde su salida del aeropuerto hasta Santo Domingo”.

¡Que bien!” Por fin, eso lo aplaudo, (aunque no sé como lo harán con todos), pero lo hago con pena y vergüenza; porque se tuvo que esperar que desde fuera nos amenazaran para poder vencer las resistencias que impedían que a los dominicanos atracados se les diera pronta respuesta.

Murió Guacanagarix pero vive su complejo. ¡Que lástima, que pena, que vergüenza!, pero tiene algo bueno. ¿Verdad…?

Hasta la próxima.